martes, mayo 06, 2008

21 días

Veintiún días es la media de tiempo que requiere una persona para desarrollar una habilidad. En esos términos se expresaba una psicóloga que ejercía de maestra mía en un curso de formación de mi trabajo. No importa que no sepas hablar en público, que te atranques a la hora de expresarte o que te falte fluidez verbal. Tres semanas y la oratoria será una amiga íntima. El pánico escénico, el temor a hablar ante un auditorio, las "palomitas" en el estómago y el gran elenco de complejas sensaciones que te acompañan pueden dominarse (nunca desaparecen) en una veintena de sesiones diarias afrontando la situación, cada situación. No importa que tengas delante muchas o pocas personas. Trabajándolo cada día, antes de que acabe el plazo de un mes ya puedes adquirir esa habilidad y dominar a la "bestia".

Te sientes falto de imaginación. 21 días; El cálculo matemático te deja en evidencia. 21 días; Crees que tu capacidad de abstracción está limitada. 21 días; La descoordinación te hace sentirte patoso. 21 días; Te consideras incapaz de escribir sin cometer faltas de ortografía. 21 días; No hablas nada de un idioma. 21 días y podrás expresarte en él; Puedes desarrollar tu sentido musical, perfeccionar tus pasos de baile, afinar cada nota que salga de tu garganta. Incluso cuando te marchas al extranjero, te suelen decir las voces experimentadas: "aguanta un mínimo de 3 semanas y entonces decide si debes o no permanecer allí". Aprender no es cosa ni de 21 segundos ni de 21 minutos, un margen más que decente para tomar decisiones (tampoco 21 años). Escribe lo que ves ahora y compáralo con lo que escribas después de transcurrido en ese tiempo. Lo podrías ver. Y si no, concedeté otros 21 días solo para aprender a verlo. Algo se acabará viendo.

Qué fácil parece. ¿21 días haciéndo pesas y acabas como el Robocop de Chiquiliquatre? ¿21 días sin fumar y eres capaz de vivir sin tabaco? Muchos arderán en deseos de firmar dónde haga falta. El precio: cada día, sin excepción, desarrollando concentradamente una única habilidad. Requiere un rato y dosis de paciencia. No sé si es cierto, pero vale la pena probarlo. Ahora que recuerdo, Sabina tardó en aprender a olvidar en 19 días (las 500 noches no cuentan).
De todas maneras, ésta es una ciencia sometida a rigor científico y no puede ser exacta, porque las circunstancias cambian. Y una excepción podría venir a confirmar la regla. Existen "habilidades" que no requieren 21 días. ¿Un poco más? ¿o un poco menos?. Quizá toda una vida para trabajarla. Porque para aprender a odiar no se requiere tanto. Pero para amar, tampoco. ¿Será la media unas 21 décimas de segundo?.
PD: Por cierto, aprovecho para enviar ánimos a mi apreciado amigo y vecino "Ganchi" de LH, que se encuentra inmerso en un época algo gris.

miércoles, abril 30, 2008

Venus, Real fictionality show

La vi llorar. Aquellos preciosos ojos azules bajo aquellas estilizadas cejas negras estaban repletos de lagrimas. La jovialidad y alegría que transmite la joyería cordobesa se presentaba completamente quebrantada. La acaobada belleza, mancillada por la tristeza y la frustración. Aquella lejana e ignota hermosura se manifestaba desde su cara más humana, la del ser vulnerable al descubierto. La de un ser subyugado, maestro que padece sus lecciones, por sus sufridos sentimientos de impotencia. Y me entró una congoja terrible. Mi respiración se entrecortó y el corazón se agolpaba rugiente dentro del pecho.

Le hubiera transmitido miles de mensajes de ánimo y consuelo. La hubiese abrazado y le habría dicho "tranquila, no pasa nada. Todo saldrá bien". Habría llamado a ese magestuoso y bello portal del alma que bordean sus pupilas y habría limpiado hasta el último resquicio de agua amarga escondido bajo los groznes de las puertas. Hubiera sacado el extandarte de una completa abnegación trenzada desde lo más profundo de mi espíritu. Cualquier cosa, que mi imaginación pudiera generar para impedir ese fluir de lagrimas. Pero nada de eso es posible. Nada. Porque en medio existe todo un mundo, un abismo infinito e insondable: una pantalla catódica. Con todo lo que eso implica para mí en términos de realidad. No es poco.

"¡Qué imbecilidad!", puede pensarse. ¡Qué enajenación mental!. O ¡Qué falta del sentido de la realidad!. Un lapsus mental entre esa realidad que compartimos y ese simulacro de realidad que todos conocemos. La gran mayoría de las personas creen conocer perfectamente dónde está el límite de la realidad y dónde la ficción deja atrás esa frontera. Puede parecer absurdo: uno mira a su alrededor y cree que existe mucha, quizá demasiada, gente que se implica emocionalmente con lo que ve por televisión. Es algo que se asume con normalidad porque es algo bastante generalizado. Sin embargo, todos los que están a mi alrededor lo afirman (o lo niegan) con rotundidad: "Realmente no me importa. Realmente no afecta a mi vida. Realmente me doy cuenta de que casi todo lo que sale por televisión no es verdad. Realmente distingo la realidad en la que vivo". Aunque claro, luego el Barça cae eliminado de la Champions y hay quien no cena; Y también el que llega al trabajo con una resaca de caballo porque el Madrid ha ganado la Liga de Fútbol y eso le ha supuesto una alegría enorme digna de celebración. Podemos vivir absorbidos por la televisión. Pero solo hasta cierto punto.

De ahí a quedarse prendado por un personaje televisivo.... Uno se lo dice a si mismo. Es un producto de marketing mediático. No es lo que parece. Solo nos muestran lo que a unos señores les interesa. En resumen: no es real. Solo una apariencia de realidad, una ilusión, sombras dentro de la caverna. Un reclamo para que la gente interactúe en un concurso, gaste dinero en mensajes favoritistas y la audiencia genere más ingresos. Un engañabobos, vaya. La puesta en práctica de las estrategias de mercado. Una imagen, bien presentada, bien vendida. Y cientos e incluso miles de personas anónimas admirándolos, deseándolos y, en cierto sentido, compartiéndolos. De pequeños, casi todos nos hemos "enamorado" de nuestros heroes y heroinas, personajes comunes o extraordinarios aparecidos en cómics o en séries de televisión. Pero, al cabo de un tiempo, hemos vuelto a esa realidad cuotidiana, aquella en dónde cada uno está donde le corresponde, en progresiva retirada "militar" de aquella inocentona ilusión, aquella "guerra" emocional que por naturaleza estábamos predestinados a perder.

No me importa. Lo cortés no quita lo valiente. Y antes de enfilar esa "retirada" a la realidad cuotidiana, no puedo más que reconocer y aceptar ese amor platónico por esa muchacha a la que, en probabilidad besando el uno, nunca conoceré en persona, aunque ahora esté a menos de 20 km. de dónde estoy. Y lo que es peor: ella nunca sospechará siquiera mi existencia. Soy un número perdido más dentro de tantos y tantos anónimos igual de implicados emocionalmente (bueno, de hecho, por no tener no tengo ni número). Un sudoku entre miles y miles de sudokus, reacio a los frikismos fanáticos.

Y sin embargo, a título de hoy, ella encabeza la lista de las mayores hermosuras que mis ojos han visto recientemente, puesto que cumple ese cánon de belleza que tanto me cautiva (morena de ojos azules). Una digna musa a la que venerar desde la tierra, puesto que mi pecado es, al igual que Calamaro, ser demasiado sensible a la belleza y socio de la soledad.

"Ah! Eres tan joven... para las cosas de la vida" - Le espetaba su director. Y para mí bella, como ella misma.
Stirb Nicht vor mir: http://www.youtube.com/watch?v=rirh_B1ZdCs

viernes, abril 18, 2008

Todos semos jurado

Debe ser que todavía sigo traumatizado por mi experiencia como jurado (ver El Caso Vázquez). Cada vez que aparece uno por televisión, se me ponen los pelos de punta. Me cuesta verlos como personas normales. Lo más preocupante es que, por ser, son precisamente lo más normal del mundo, esa representación del paradigma social en el que nos movemos. El mismo que no podemos evitar criticar cuando lo vemos desde fuera y que no podemos evitar justificar cuando lo vivimos desde dentro.

Recuerdo una aparición televisiva de la nadadora (de sincronización) Gemma Mengual tras la final de Natación Sincronizada de las Olimpiadas de Atenas (2004). Los resultados relegaban al equipo español a la cuarta plaza (el verdadero primero de los "perdedores) y la rabia se manifestaba en un grito al cielo de denuncia ante la evidente parcialidad por parte de los jueces. En fin, solo porque entre los miembros del tribunal había representantes de países que ni siquiera saben que la natación se puede sincronizar. Es para imaginarse la escena: la juez de Noruega le preguntaba a su homóloga egipcia si sabe cómo se valora a las nadadoras. "No tengo experiencia, pero me guiaré por el país al que pertenezcan...". Lo más normal del mundo. Sin embargo, la comentarista de TVE estuvo a punto de explotar: "¡¡¡¡ ¿5,4? !!! ¡Pero se puede saber que sabe esta mujer si Egipto no tiene ni equipo de natación!!!!.

Malos recuerdos nos trae este país. El polémico arbitraje de El-Gandhour en el mundial de fútbol de Corea-Japón (2002), en el que la selección española quedó eliminada por la selección anfitriona, Corea, aún nos maltrata en el recuerdo. ¿Será porque los jueces de línea pertenecían a dos países con tanta tradición en este mundillo como son Uganda y Trinidad y Tobago? ¿O porque el seleccionador español, Jose Antonio Camacho, les faltó al respeto en los descansos, cosa que propició que estos dos grandes profesionales, algo heridos en su orgullo, levantaran en banderín cada vez que un jugador español se acercara al balón?. Lo más normal del mundo. "Las deficiencias en la objetividad la inventaron en el primer mundo, oiga".

No faltan otros ejemplos de normalidad. La televisión nos ha reportado otra manifestación humana de terror juradil como es el publicista musical Risto Mejide. Licenciado y masterizado en ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas), en la que ejerce de profesor, su catódica fama se ha forjado por su políticamente incorrecta incontinencia verbal como miembro del jurado del programa musical Operación Triunfo. Se expresa como le viene en gana, impropia de una persona de su curriculum, y su crueldad en la crítica llega a ser bárbara. No obstante, su figura incluso despierta simpatía, puesto que expresa con "sinceridad" aquello que muchos telespectadores les gustaría decir y no deberían o no se atreverían a decir. ¡¡Hay que llamar las cosas por su nombre!!! ¡¡El darwinismo musical en nuestro mundo es mucho más exigente y menos compasivo!! Y además les regalan un coche.


... pasando por alto que, bajo la aparente presentación de espectáculo, son personas las que son valoradas (y las que valoran). Capacidad técnica para evaluar algo en concreto la tiene poca gente. Pero qué poco cuesta convertir esa potestad en patrimonio público.

Realmente ser jurado o evaluador de algo, es cosa harto compleja. ¿Se llega a ejercer siempre con la totalidad de aptitudes "técnicas"? ¿es tan fàcil ser objetivamente objetivo? ¿No es lógico ser subjetivo cuando el resto también lo es? ¿Se es consciente de la responsabilidad que ello conlleva cuando se realiza?. Como diría Felix Rodríguez de la Fuente: "Amigos míos, la naturaleza prosigue con su evolución". Nos gusta ser jurados. Aún cuando sabemos que no somos , ni mucho menos, perfectos.

martes, abril 08, 2008

Manual de cómo influir en un proceso sucesorio

"¿Qué he hecho yo para que me ocurra esto?"

Esta frase la pronunciaba César Augusto, alias "Cayo Julio César Octaviano", en la série basada en la novela de Robert Graves, "Yo, Claudio" (1976). No le hacía falta pensar demasiado para hallar respuesta a su propia pregunta: en el año 27 a.C., dos años después de derrotar al otrora triunviro Marco Antonio, se proclamó Princeps (Primer Ciudadano) de Roma o, lo que venía a ser lo mismo, emperador encubierto de una República venida a menos. Julio César fue asesinado 17 años antes por ejercer de dictador, algo que muchos senadores entendían como la reinstauración de la monarquía, así que su heredero político, Octaviano (posteriormente Augusto), ya se encargó de guardar celosamente las apariencias republicanas para poder ejercer igual poder sin acabar como su tio-abuelo Julio. Sin embargo, lo vendas como lo vendas, un emperador no deja de ser figura institucional unipersonal que, como tal, debe perpetuarse a través de un heredero. Y claro está, dónde haya un heredero no faltarán aspirantes a la herencia.

En esta carrera por la futura vacante, la más lista de la clase fue Livia , segunda esposa de Augusto y una arpía de primer orden. La mujer consideraba que su hijo Tiberio era el candidato perfecto para suceder al césar, así que no reparó en gastos (y fallecimientos inducidos) para que ocupara la plaza que, algún día, dejaría Augusto. Sin embargo, Tiberio no era especialmente carismático y además tenía desventaja ante los descendientes directos de Augusto, por lo que su madre hubo de poner mucho empeño y paciencia por su parte.


El preferido de Augusto para su sucesión era su sobrino, y a la vez yerno, Marcelo (sí, el del Teatro). Era joven y robusto... hasta que sufrió una gastroenteritis y Livia, aprovechando que no estaba ni la madre ni la mujer del joven, se encargó de sus cuidados. Sus esfuerzos resultaron algo tristemente "infructuosos", porque el muchacho acabó muriendo. Sin embargo, la circunstancia no pasó inadvertida y el que no corre, vuela. El laureado Marco Agripa (el del Panteón) se adelantó a la jugada y desposó a Julia, la viuda de Marcelo e hija de Augusto. Así pues, la línea de sucesión se iba a alargar, cocinando un escenario muy propicio para un plaga de indigestiones...

Nueve años después, Agripa falleció y esta vez fue Tiberio quién tomó el testigo como yerno de Augusto. Sin embargo, Julia había tenido 5 vástagos, 3 de ellos varones. Todos tenían preeminencia sobre Tiberio. Así que Livia hubo de esmerarse. En primer lugar, el primogénito de Agripa y nieto mayor de Augusto, Cayo, falleció misteriosamente en Armenia. ¡Que mala pata!. Su hermano Lucio tampoco tuvo mejor suerte: después de que Livia le incitara a denunciar a su propia madre (como hija del césar, su promiscuidad estaba especialmente desarrollada) para que un avergonzado Augusto la desterrara, se cayó de una barca cerca del Canal de la Mancha. ¡Qué infortunio!. Eso debía pensar el césar al perder a dos de sus nietos...


Pero aún quedaba otro: Póstumo (¡qué ironía!). Cuando Livia descubrió que su sobrina, Livila, era el amante de este último eslavón propicio a perderse, la forzó a que fingiera una violación. La vergüenza y el escándalo fueron descomunales, así que Augusto hubo de exiliar a su amado nieto. Y fue en el exilio dónde Póstumo sería asesinado por la guardia pretoriana, al servicio de la "emperatriz" cuando Augusto enfermó. Así pues, la línia primaria de sucesión había quedado lamentablemente borrada ante tal cúmulo de despropósitos. ¡Qué mala suerte!. Menos mal que estaba el pobre Tiberio vivo para asumir con humildad el tomar las riendas cuando hiciera falta.

No os engañeis: hacerse cargo de semejante responsabilidad no es tarea fácil. De hecho, el sucesor de Augusto nunca lo tuvo del todo claro. Una parte de la culpa la tuvo su hermano Druso , de ideas pro-republicanas, partidario de eliminar la figura del princeps y, sin duda, una pésima influencia para su hermano mayor. Eso debió pensar Livia, completamente convencida de que su hijo menor era una oveja descarriada. Cuando Druso sufrió una caida de caballo en Germania, Livia envió a su médico personal para curar a su ideológicamente díscolo retoño, que, ironías del destino, no tardaría mucho en fallecer. Fue una pena, la verdad. Tiberio tendría que pensar desde entonces "por si mismo".

En el año 14, cuando murió Augusto, Tiberio se convirtió en princeps. No esta nada mal teniendo en cuenta que, como mínimo,era la 5ª opción...

viernes, abril 04, 2008

Los juegos hipócritas

El parlamento europeo propone a los estados miembros el boicot a los Juegos de Pekín, previstos para el próximo mes de agosto. El mismo presidente francés Sarkozy ha destacado en su propugna en contra del evento deportivo, como ejemplo a seguir por otros mandatarios enverso la política de China en relación al Tibet. Parece que la preocupación por la situación vivida en aquella región del Himalaia, con represión tras represión, ha hecho ver a Occidente que, tal vez, aquel país no está por la labor en materia de derechos humanos como sería aceptable "universalmente". A pesar de las proclamas del Dalai Lama, reclamando una solución pacífica manteniendo los Juegos Olímpicos al margen, nuestros modelicos dirigentes occidentales, incluyendo a los aspirantes a la Casa Blanca, están dispuestos a dar ejemplo: boicotear la ceremonia inagural, aquella que aglutina a todos los países del mundo (y estados dependientes miembros del COI ), los cuáles desfilan tras su bandera representativa y muestran al mundo una imagen de universalidad pocas veces mostrada en los telediarios.

...Pero detrás de tanta fachada de alegaciones y reivindicaciones éticas, todo comentario sobre los temas económicos y las relaciones comerciales quedan reducidas a poca cosa. Ya puede salir Hillary Clinton, McCain o Obama negándose a ir a Pekin. y hacer un reivindicativo feo gesto a las autoridades chinas... pero, ojo, los sponsors ni tocarlos. Deben estar bien visibles. Puede darse el caso de que las multinacionales, sin duda todas unas expertas en dar lecciones de derechos humanos, a pesar de sus "deslices" explotatorios y coquetos con el esclavismo, retiren algo de publicidad de la ceremonia. Pero, ¿escucharemos alguna renuncia a algún solo yuan una vez acontecida la Inaguración Olímpica? . A cobrar, que para eso estamos. Además, ¿qué "culpa" tienen una pobre empresa de lo que ocurre en el Tibet?

Por otro lado, Sarko mostrará al mundo su moralidad política faltando a esta Inaguración... en tanto que, si hay que vender armas, aviones o incluso un reactor nuclear a China, se hará con la debida discreción, a diferencia de lo que hacen en el Tibet. ¿Cuántas veces le hemos dicho a estos chinos que sean más disimulados, joder!? Y eso que la censura es legal. El secretario general de la ONU, Ban Kin-Mun, ya ha dicho que tampoco asistirá a la ceremonia porque estará "ocupadísimo" y el presidente del COI, Jacques Rogge ya ha dejado caer: "Hace 7 años (cuando se proclamó Pekin como sede olímpica) nadie dijo nada" . Por supuesto. La situación en el Tibet no era diferente (de hecho, lleva 50 años ocupado y allí no intervinieron las potencias extrangeras como sí hicieron en Corea), pero China no se vería como un país represor de las minorías: se veía como un enorme y vasto mercado, repleto de consumidores . 1.300 millones (imaginad si cada uno compra una cocacola). Bueno, esa visión tampoco ha cambiado a ojos del mundo, amen del plus obtenido con estos compradores a los cuáles no les permiten tirar papeles ni escupir en la calle. Son buenos consumidores.

Tantos años masacrando tibetanos budistas y parece que prácticamente nadie había reparado en ese detalle. Oficialmente, se considera un "problema interno". Además, parece que Reporteros sin fronteras (RSF) son el látigo exclusivo del gobierno chino, pero trabajo tienen de lo lindo por todo el mundo. Porque la represión de minorias religiosas por parte de los grandes estados no solo existe en China, que otrora no solo castiga "pacíficos tibetanos". Sin embargo, todos estos grupos religiosos perseguidos por doquier, sin entrar en su tipologia en términos de amenaza (o cómo se les debe tratar), no cuentan con millonarios de Hollywood entre sus feligreses. En Japón o Corea, las "sectas" son perseguidas con fiereza; En Rusia, aparecen grupos terroristas de raiz religiosa que no aparecen en ninguna lista y son también masacrados. Y puestos a equilibrar: ¿cuántos musulmanes han sido perseguidos y torturados en Estados Unidos en los últimos años? Los derechos humanos que se reclaman a China, ¿se respetan en Guantánamo?. En los juegos olímpicos de Salt Lake city (2002), no se habló de boicot, a pesar de que, además de celebrarse en un país que no respeta los derechos humanos fuera de su territorio (ejército norteaméricano), su designación fue resultado de un proceso repleto de irregularidades y corruptelas. Nadie quiso entonces dar ejemplo... porque lo importante era (y es) el deporte, con sus correspondientes casos de dopaje.


También podría hablar de los JJOO en la Berlín nazi (1936) o los mundiales de fútbol de Italia (1934) o Argentina (1978), ambos estados celebrantes con regímenes dictatoriales y represivos. No obstante, no quiero juzgar a la ligera tantos casos en los que se mezcla política y deporte, demasiados hasta la exageración. Más bien quiero resaltar que, la cagaran o no designando Pekin, los Juegos Olímpicos me parecen uno de los símbolos de universalidad humana más emblemáticos que existen. Desde mi punto de vista, es una barbaridad lo que ocurre en el Tibet, pero creo que es un terrible realidad a la que se está respondiendo hipócritamente. Todos tienen trapos sucios en casa. Todo indica que hay que "tirar hacia delante" y cada uno "mantiene las formas". Como diría Jean Baudrillard : "Lo único real es este simulacro de realidad"

miércoles, abril 02, 2008

Gracias, Señoría

Desde estos parajes, querría hacerle llegar mi más sincero agradecimiento a C.C.Buxter, blogescritor de La ciudad dorada, por otorgarme uno de los premios Brillante Weblog 2008 a los que tenía derecho "entregar". No ha expuesto los motivos de semejante reconocimiento, pero puede leerse entrelineas que, almenos, existe un bloggero que encuentra digno de mención mi disperso y a veces extravagante "Libro", uno más entre, posiblemen
te, millares y millares de blogs. Me honra que mi vecino comarcal me haya tenido presente a la hora de valorar sus blogs preferidos.

Cuando él fue premiado con el mismo premio, expuso cuáles eran las normas de entrega. No obstante, también exímia del cumplimiento promocional de él y la memetransmisión del premio allende mi blog. En cierto modo me agojo a esa enmienda y no repartiré, de momento, ninguna distinción. No es por desconsideración hacía el premio o desidia para con él. Más bien, creo que hay muchos blogs buenos, demasiados para tan parco reconocimiento; Pienso que, como mínimo, aquellos que tengo linkados, sean gráficos o literarios, escritos en verso o prosa, son dignos de mi interés, consideración e incluso, en la mayoría de casos, admiración, puesto que son ventanas abiertas por las que me gusta ver, mirar y observar (últimamente leo más que escribo). Son ellos cuya existencia agradezco y cuya lectura me aporta bastantes cosas. Desde el fantástico "clan de politólogos" de Madrid a los brillantes posts, algunos de ellos de carácter gráfico, de mis paisanos catalanes, pasando, por poner algunos ejemplos, por la extraordinaria imaginación de Panciutti, la franqueza periodística de Rodríguez Millán o la ingeniosa simplicidad de Pani. Mis agradecimientos también. Os seguiré observando...

jueves, marzo 27, 2008

Beren, el hombre cambiante

"Da igual que te haya parecido diferente. Es la misma persona"

La última vez que le ví fue hace algunas semanas. Me hallaba sentado en una terraza de la calle Luarca, en plena degustación de la cañita de rigor por aquellos lugares. Le observé mientras me estaba encendiendo una Faria mini, pensando fascinado (o incrédulo) en lo extraordinario que todavía era, de ser cierto, aquello que rumoreaban tanto de él como de su mujer. Un amigo mio del barrio se refería a ellos con la palabra común de "cambiantes".

Después de tantos años uno se acostumbra a una hipotética idea y la acaba convirtiendo en algo corriente cuando no lo es. Podría decirse qué es cualquier cosa menos que es normal. Lo había visto en variadas ocasiones por las calles del barrio, como un viandante más, hasta que dicho amigo me contó una increible historia sobre él: ese hombre podía cambiar de aspecto físico. Yo le miré escépticamente, con la sonrisilla de quién se da cuenta que se están quedando con él. Me devolvió la sonrisa, pero asentía con la cabeza: "ese tío puede transformarse en otros. En su casa parece que vivan 5 o 6 personas. Pero solo son dos". Igualito que las historias de ruidos por la noche en casas abandonadas. ¡Por dios! ¡si vivimos en Hospitalet!. El Gornal de noche sí que da miedo. Pero un tío que cambia... Sin embargo, la conversación acabó sin que él reconociera que me tomaba el pelo.

Tiempo después, camino de una de esas tajas de juventud, nos lo cruzamos el grupo de colegas en la calle. Nos saludó con la cabeza, regalándonos una alegre sonrisa, como si nos conociera de vista, y eso dio a pie a que surgiera de nuevo el tema. "¿Por qué no nos sonrie con el aspecto de tia buena?". je,je. Ya podía bromear cuanto quisiera. Tal vez aquello me permitía pasar por alto un detalle realmente inquietante. A ese hombre con acento, hacía muchos años que lo tenía visto: vivía tres portales abajo doblando la esquina este de dónde vivía yo. Siempre había creido que en aquella casa vivía también un hombre mayor, posiblemente el padre de alguno de los cónyuges, y una pareja de chavales jóvenes, posiblemente los hijos. Les había visto entrar con llave propia en su casa. Pero curiosamente nunca los había visto a todos juntos. ¿Era posible que aquel individuo pudiese transformarse en un hombre mayor o en uno más joven? Me parecía absurdo. Y hoy en día, en cierto modo, me lo sigue pareciendo.

En mi casa había escuchado historias de la gente del barrio. Estaba el Recogedor de Basuras: un hombre que llevaba décadas buscando cosas útiles en los containers, a pesar de haberse convertido en propietario de varios de bloques de pisos desperdigados por la ciudad y de contar con un pastón inmenso en el banco por el que se peleaban los hijos ya mayores; Estaba el Borracho de la Avenida Masnou: un individuo que, desde que tengo memoria, siempre que lo he visto estaba cantando y completamente dominado por su estado etílico; Estaba también la Rociera: una mujer siempre vestida de flamenca que iba (y sigue yendo) acompañada por un carrito de la compra que transporta su radio de alto volumen. Hay que reconocer que los "frikis" nunca han escaseado por estos parajes. Así pues, ¿qué podía tener de raro que también existiera un "cambiante"...o dos "cambiantes"?. El señor Juan, un hombre mayor con el que coincidía antaño en el autobus de vuelta del colegio, solía sentarse en la plaza para dar de comer a las palomas (aunque las ordenanzas cívicas lo prohiban). Una de las veces que he charlado con él en los últimos años, me explicó que lo llamaba el Yugoslavo porque, creían, pertenecía a una comunidad procedente de los balcanes, los "boruc" (o algo parecido porque no sabía pronunciarlo bien ni sabía como se escribía). Era bastante especular, porque nadie sabía a ciencia cierta no quién era y ni de dónde procedia. Simplemente, había estado siempre allí, en el barrio. Era un caso enigmático más y, dentro del enigma, Don Juan solamente estaba completamente seguro de haber visto a otro, aparte de los dos "yugoslavos", de los cuáles se contaran aquellas historias: un individuo capaz de cambiar su fisionomía y transformarse en alguien de diferente apariencia física: más joven o viejo, más alto o bajo, más gordo o delgado. Y lo que parecían dos, tres o cuatro personas distintas, en realidad eran una sola. Como un esquizofrénico que pudiera manifestarse físicamente en un cuerpo distinto cada vez que cambiara de personalidad. Capaz de hacerse pasar por si mismo, por su padre y por su hijo. Verlo para creerlo.

Una tarde, no hace mucho tiempo, me dio por consultar por internet por los "boruc" o "bruk". Perdí bastante tiempo, casi tres cuartos de hora, antes de encontrar, fruto de la insistencia, alguna página que comentara algo que se pareciera, aunque fuera de lejos, al tema en cuestión. Tras navegar por varias webs cada cuál más rara y extravagante (realmente freaks), me topé con un estudio científico de un profesor búlgaro de origen croata. No entendí del todo qué demonios describía porque, si bien me manejo razonablemente con el inglés, aparecían demasiadas palabras raras, con inusuales phrasal verbs y extrañas expresiones. La teoría de los "Cambiantes" se centraba en explicaciones cuánticas algo radicales. Afiman que la materia no es algo continuo, pues a nivel subatómico, los electrones no son constantes: aparecen y desaparecen. Como una luz parpadeante. Eso permite múltiples modificaciones potenciales en la materia. Un pensamiento o varios pensamientos pueden cambiar las conexiones sinópticas del cerebro o acelerar las transmisiones del sistema nervioso, lo cuál tiene repercusión, consciente o inconsciente en nuestro cuerpo. No hay que pensar en brujería: ¿quién no ha escuchado en alguna ocasión hablar del Efecto placebo o del poder de La Sugestión ? Un pensamiento erótico es capaz de generar una erección y un recuerdo puede generar alegría o tristeza, con la consiguiente sensación positiva o negativa en el cuerpo. Si la mente puede afectar tanto sobre el cuerpo, ¿es posible que una mente hiperdesarrollada pueda llegar a "transformar" el metabolismo o, cuanto menos, la fisonomía de una persona por completo?.

Para ser sincero, todo me suena demasiado fantasioso e inverosímil. Aunque, analizándolo fríamente, ¿quién no ha presenciado cambios bruscos en alguna persona hasta tal punto de pensar que es otra persona? Aceptamos con normalidad tener un jefe ciclotímico , un compañero iracundo o temperamental o algún amigo o amiga demasido irascible. ¿Cuantos "monstruos" son en el fondo "buenas personas"? ¿Y cuántas "mosquitas muertas" llevan a cabo auténticas barbaridades? ¿No se podría considerar igual de atípico?

Don Juan lo manifestaba así: "Serán raros. No sé cuántos son en realidad, pero siempre que me he topado con ellos, siempre han sido muy agradables. Me parecen muy majos. En cambio, hay tanta gente que parece normal y tienen una mala leche... Ojalá transformándose se les quitara..."