martes, septiembre 14, 2010

Una extraña obsesión en Liverpool (I)

Stephanie Colly era una jovencita de 19 años de Liverpool a la que le gustaba mucho exhibirse. Así opinaba bastante gente, ya que disfrutaba muchísimo en hacerse montones y montones de fotos que después colgaba en internet. En una época de su vida en la cuál no acababa de verse en una profesión en concreto, ella prefería considerarse una "artista de la imagen". Tenía algo presente que aquellas sesiones de posados con modelos más o menos sugerentes ante la cámara, acompañadas con la posterior dedicación a publicarlas en su página web, eran más bien un hobbie que no le serviría para ganarse la vida, pero no por elllo iba a perder el sueño. Aunque un poco anchita de caderas, ella se veía a si misma como una joven hermosa, consciente de que sus facciones en comunión con sus cristalinos ojos azules y en contraste con su pelo castaño claro hacían de ella una mujer de considerable atractivo. A su noviete, Steven, no le hacía especial gracia. Pero intentaba sobrellevarlo cómo podía.

Era imaginable que sus ciberimágenes llegando a tantos ordenadores del mundo suscitaban ciertas sensaciones, desde las simpatías que despierta una joven extrovertida que se muestra al mundo a las pasiones que provocan reacciones dónde se liberan muchas hormonas y las consiguientes acciones impudorosas. A la joven Stephanie, tanto le daba, ajena ella a toda pantalla en la que pudiera aparecer su imagen. Hasta que llamó la atención de alguien. Jozef Venglos vivía en Vezsprem (Hungría) y sería unos diez años mayor que ella. Cada vez que la buscaba en la red, la observaba con ternura, con las características comunes del enamorado platónico que se hallaba ante un amor imposible a miles de kilómetros. No obstante, Venglos tenía algo diferente. Contaba con un don, una habilidad que había desarrollado desde niño bajo el control de su anciana abuela: podía inducir a determinadas personas a tener determinados sueños y a experimentar ciertas sensaciones. No importaba la distancia, siempre y cuando pudiera visualizar a la persona sobre la que influía. Solo había empleado su "magia" en un par de ocasiones en su vida, ya que su abuela le había avisado todas las acciones que se llevan a cabo en la vida tienen consecuencias, sobretodo y especialmente si incluyen el uso de una habilidad extraordinaria y casi única. Pero Jozef creía que estaba ante "algo especial".

A las pocas semanas, Stephanie comenzó a tener sucesivos sueños eróticos que no podía controlar. Siempre con la misma persona, un chico al que no conocía de nada. Lo único que podía recordar de él era su imagen y una extraña palabra escrita en lo que parecía un pasaporte: Magyaroszag. Lo que no podía olvidar eran las sensaciones y aquello comenzó a obsesionarla de tal manera que su familia y pareja comenzaron a preocuparse seriamente. La joven comenzaba sentir frustración, no solo por el bajón físico que sufrió sino porque todo aquel cúmulo de sensaciones, enfemizas pero placenteras, no eran reales y eran fruto una serie de procesos de autosugestión que no podía controlar. Meses después, cuando las visitas a dos psicólogos de buena reputación resultaron infructuosas de cara a resolver su problema, la bella Stephanie no sabía si se estaba volviendo loca o si simplemente los demás comenzaban a tratarla como tal. Nadie la hacía caso, nadie la comprendía. Steven se alejó de ella, deseoso por un lado de ayudarla, pero incapaz de cargar sus 20 años con tan incómoda situación y con el hecho de que su chica vivía obsesionada con unas imaginarias experiencias sexuales que ella tenía con otro hombre.

Está claro que exhibirse, algo muy característico aunque no exclusivo de los "Sagitario", incapaces ellos de pasar inadvertidos, tiene algún que otro aspecto negativo: no puedes controlar los ojos que te ven ni las reacciones de los que te ven. Por lo tanto, no es un problema pretender llamar la atención, siempre y cuando se asuma que, de tanto en tanto, se puede acabar interactuando con gente un poquito rara...

1 Comments:

Blogger Sonix said...

Buen relato, ya he visto que tiene continuación, así que seguiré leyendo. Y bueno, desde luego lo de subir fotos a la red tiene un riesgo que cada uno ha de evaluar...
Un saludo!

20/9/10 21:08  

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