martes, marzo 16, 2010

La caza del tigre

Hace unos pocos días, el golfista norteamericano Tiger Woods informaba en rueda de prensa que volvía a los circuitos de competición. Sin duda, una gran noticia para los aficionados al golf (yo no lo soy mucho), que hace unos meses se sintieron algo huérfanos cuando el mejor jugador de las últimas décadas (si se tiene en cuenta el palmarés de premios) anunció que dejaba temporalmente la actividad deportiva para encauzar una vida personal en pleno conflicto como consecuencia de su separación matrimonial. Más allá de que haya resuelto sus problemas personales, algo me dice muchos intereses económicos se esconden detrás de este esperado retorno.

Tal vez Woods tiene todo lo que (para mucha gente) se puede soñar: es multimillonario y es una estrella de deporte. Pero también es otro vivo ejemplo: otro de esos "juguetes rotos" que los medios de comunicación nos han mostrado durante tanto tiempo como un paradigma de éxito... antes de comenzar a destrozarlo de todas las maneras posibles para convertirlo en idolo caído. Además, lo han hecho eludiendo todo tipo de responsabilidad en que su vida privada se fuera a pique ("hay que informar", como dice alguno) y culpándolo exclusivamente a él de todos sus males. Primero lo alzaron a los altares de triunfo y lo convirtieron en un modelo para la juventud pero, cuando vieron que bajándole a patadas y derribando ese modelo se podía ganar más dinero, lo hicieron como si nada. Todo un ejemplo de moral colectiva...que ofrece una muestra de esa dosis de hipocresia que la mantiene viva.

El golf me parece un deporte elitista y de clases muy pudientes. Como yo no pertenezco al estrato social de dichos practicantes profesionales, no me puedo identificar con Woods. Ni me identifico ni lo tengo como un modelo. En cualquier caso lo podría admirar como deportista. Por ese motivo, no creo que su vida privada y su harén de amantes sea de mi incumbencia... ni en la de muchos. No es el césar, ni el emperador ni mi cargo representativo electo. Y eso de los "personajes públicos"... no siempre lo decide el "público" y ante ellos debe haber algún límite (que ya dejarán transgredir quiénes "prostituyen" su intimidad). Uno podría entender que, si se pagan cuertas sumas (quizá algo desproporcionadas) en derechos de imagen a una persona, debe ser para que ésta sea, en cierto modo modélica. La imagen está unida al producto. Por eso, muchos patrocinadores se tirarían de los pelos cuando comenzó el linchamiento mediático, llevado a cabo por tantos y tantos "moralistas" que se han lucrado a costa de exhaltarlo como héroe y luego... se han lucrado a costa de reprochar su moralidad. El deportista es el mismo; La persona, al parecer no. Pero, tanto da: después de todo la persona real no la conoce prácticamente nadie... y de lo que se trata es de mantener entretenida a la plebe!!! Y ahora toca gritar a los cuatro vientos "¡¡¡¡Adultero putero"!!!! (y además ¡¡¡pijo!!!)

No es que sienta lástima por Woods (bueno, quizá un poco). Como he dicho, cuenta con todos los recursos para tener una vida perfecta y han sido sus propios errores y defectos los que le han llevado a esa situación. Él era consciente de que su imagen, por la que ingresa mucho dinero, podía quedar perjudicada si se conocían ciertos aspectos de su vida que no están bien vistos en la sociedad que le ha proporcionado esa más que cómoda vida. No obstante, en todo esto, no puedo más que ver esa envidia idiosincrática existente. Precisamente porque este individuo lo tiene todo: desde dinero, popularidad y prestigio hasta una mujer impresionantemente hermosa (podeis verla en la foto de la izquierda), existe tanta gente deseosa de verle caer como figura. En nuestra sociedad no se puede aceptar que haya perfecciones. Ni, especialmente, que existan cosas que creamos individual y subjetivamente perfectas y se cumplan en los demás, pero no en nosotros. Después de todo, la felicidad no "puede durar" tanto para nadie. ¿Para nadie, verdad?

7 Comments:

Blogger Juan Rodríguez Millán said...

A mí se me escapa este deseo continuo de crear y destruir héroes. Como también se me escapa el desmedido interés "informativo" por los detalles de casos como éste. ¿En serio nos interesa leer el contenido de los mensajes eróticos que un golfista le manda a su amante al móvil? ¿Tan mal estamos...?

Creo que la tuya es la primera reflexión sensata que leo sobre este asunto. Obviamente, un tipo que vive (parcialmente) de su imagen, tendría que trabajar en que ésta fuera lo más irreprochable posible. Obviamente, Tiger se ha equivocado en su vida personal (porque, para mí, una infidelidad es siempre una equivocación). Pero, obviamente, no creo que su vida personal sea un reflejo de su vida como deportista. Era y sigue siendo el mejor en lo suyo. Aunque ahora mole más lincharle.

19/3/10 12:59  
Blogger Petrarca said...

En este caso yo no cargaría las tintas demasiado contra el mensajero. Algo de culpa tienen los medios (Tiger Woods es una fuente de carnaza para cualquiera) pero el problema fundamental es el estúpido puritanismo norteamericano. Ni que hubiera matado a alguien. Y el tipo en vez de pedir que se respete su intimidad se ha metido en el juego enfangándose hasta la entrepierna. Esa cara de "desintoxicado sexual" no parece que se le vaya a ir en la vida. Su rueda de prensa fue lo más vergonzante que he visto en mucho tiempo y una síntesis perfecta de la degradación moral de los moralistas.

19/3/10 13:31  
Blogger Reverendo Pohr said...

Juan, no deja de ser una forma de "alimentar" los deseos de la plebe: primero le das algo que admirar (un producto generalmente irreal, como es un supuesto modelo de perfección) y luego, cuando se han cansado de ello, les das algo para disfrutar (no hay nada como desahogarse con los (considerados) "fakes" descubiertos). A fin de cuentas, solo es un deportista. Pero vendiéndolo como algo más genera mucho más dinero.

Las "bodas" se venden bien... pero los "divorcios" se venden aún mejor. Viva el morbo (ajeno, por supuesto).

Petrarca, creo que el mensajero sí tiene algo de culpa porque ayuda a alimentar esa cultura puritanista(al igual que la doble moral). Los medios podrían tener un papel más didáctico, pero prefieren dar a sus "consumidores" la "carnaza" que desean porque eso les genera beneficio. En cierto modo son cómplices en la perpetuación de dicha cultura de corte inquisitorial (por aquello de mostrar externamente arrepentimiento y culpa, más que sentirla de manera endógena).

Coincido contigo en la teatralidad del arrepentimiento, como si tuviera que responder de sus actos privados ante el pueblo y, concretamente, sus "fans" (un extraño símil de la relación de político y votantes) cuando no deja de ser una campaña de marketing. Dudo mucho que, como parte del Espectáculo, el objetivo sea tanto la "rendención espiritual o moral" de la persona como lo que, en mi opinión, es un intento de revitalizar la imagen de dicha persona para que siga generando dinero.

23/3/10 9:49  
Blogger C.C.Buxter said...

Como le dije a Juan en una de sus entradas, el caso de Tiger Woods es bastante curioso. Hace un par de años, una periodista deportiva fue despedida por "racista" al decir, como elogio, que la única forma de vencer a Woods era darle una paliza en un callejón. En ese momento, el puritanismo de lo políticamente correcto salió en innecesaria defensa de Tiger Woods. Ese mismo puritanismo, disfrazado de moral, es el que ahora ha pretendido acabar con él, diciendo cosas mucho peores.

Es cierto que los medios de comunicación se han cebado con Woods, lanzándose sobre los aspectos más sórdidos de su vida privada (si es que al hecho de acostarse con decenas de tías buenas se le puede llamar sórdido, claro...) y extralimitándose en su labor de información. Sin embargo, como dice Petrarca, creo que en este caso quien más culpa tiene es la propia sociedad norteamericana o, al menos, el sector hipócrita y de doble moral de ésta. ¿Crees que en España sería un escándalo que un deportista de élite fuese infiel a su mujer? ¿Te imaginas a Nadal o Pau Gasol pidiendo perdón por ser "adictos al sexo"? Vamos, suena a chiste... A Kobe Bryant ya le hicieron algo parecido, aunque en este caso se le acusaba de algo más grave (violación), y el linchamiento mediático fue seguido de la pérdida de multimillonarios contratos de publicidad. Pero una vez se libró de la acusación gracias a un acuerdo, todo se olvidó. Ahora es habitual ver a Kobe hacer ruedas de prensa con sus hijas sentadas en sus rodillas, o proclamar su amor por su esposa...

Los medios de comunicación pueden magnificar determinados asuntos, y hacer que sean prioritarios, pero si no hay una base social dispuesta a seguirles el juego no hay nada que hacer. Quizá todo se reduzca al dilema del huevo y la gallina: ¿qué fue primero, la hipocresía o el tabloide?

23/3/10 12:29  
Blogger Sonix said...

Pues no he hecho mucho seguimiento de este caso, la verdad. No me atraen demasiado este tipo de espectáculos mediáticos. Y en este caso, aunque no quisiera, me he enterado de algunas cosas, porque o_o en el informativo salían noticias de estas... ¡puro cotilleo! Pero eso es tema aparte, la devaluación de los telediarios y medios de comunicación...
La verdad es que análisis aparte (que seguramente, no podré aportar nada a vuestros razonamientos ya), no entiendo por qué a nadie le importa si este señor se acuesta con su mujer o con otras, o si se arrepiente o no. Vamos, que a mí no me importa.
Por cierto, su mujer es espectacular, tonto que es él. ;)

Bueno, un saludito, espero seguir leyéndote!

25/3/10 11:52  
Blogger Reverendo Pohr said...

Supongo, Buxter, que ese es el dilema: una cultura que se retroalimenta y prioriza la imagen (forma) al contenido. Tal vez todo forme parte de un paradigma social en el que integrar a un grupo de personas que, de otra manera, acabarían compitiendo y machacándose entre ellas. La veneración y el linchamiento colectivo es una manera de alimentar esa especie de cohesión...

Ahora bien, como habeis comentado, quién cobra tanto dinero por su imagen, debería tener presente porqué y a qué se debe.

Bienvenida, Sonix (Sonia)!!!. Siempre se agradecen las visitas y, la tuya, no lo será menos.

Ciertamente, la vida de Woods no es asunto mio. Lo que me llama la atención es cómo el mismo colectivo que hace de un individuo un héroe (a veces de manera exagerada) lo convierte posteriormente en villano (de manera igual o más exagerada). Y cómo la misma envidia que se despierta con la primera fase, se desahoga posteriormente en la segunda fase. La popularidad también tiene poderosos contras.

25/3/10 15:05  
Blogger Sonix said...

Sí, claro, no lo decía por ti, sino que comentaba lo mismo que tú, demasiada cobertura mediática para tan poca cosa. Gracias por la bienvenida. ^^

25/3/10 18:04  

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