lunes, diciembre 29, 2008

La caza en casa

Lo malo de ser turista es que todo el mundo puede verlo. Y allí dónde la vida requiere ser espábilado, no faltan aquellos que identifican Turista con Banco Nacional de Limosnas o Unidades Aguinaldo-Andantes. ¿Quién, en alguna ocasión, no ha visto a algún japonés sacando fotos con su Nikon super-extra-gigante (esas que aparecen en los escaparates con muchos ceros antes del símbolo de divisa) o un americano vestido con una indumentaria de varios talentos autóctonos?. No me refiero al guiri que camina (a veces tambaleándose) por el centro de nuestras turísticas ciudades como emblema recién salido de la Feria del Mercadillo del Gusto Dudoso o del Gusto Experimental. No. Hago referencia al que se aloja en esos hoteles que, solo mirarlos, intimida y acongoja la targeta de crédito o débito que llevamos en el bolsillo. Sí, ese que vemos pasar y nos empuja a pensar (cuando no decir) "Ese tío (o esa tía) tiene pasta".


Imaginamos que nunca seremos (o no nos verán) así. Hasta que visitas un país con menos nivel de renta que el nuestro. Eso me ocurrió en las zonas turísticas de Marruecos. No importa que seas el perfil typical Spanish "Viajo con lo justo y si puedo evitar acercarme a un cajero, lo evito". No importa que tu imagen sea de "Robinson Crusoe" ni que parezca que tienes claro lo que vas a comprar o no. Es un constante transcurrir entre "visite mi tienda", "cómprame algo" o "te ofrezco una excursión inolvidable". O directamente "dáme algo". Son gajes del oficio, inherentes al viaje, como si te hubieran contratado como Santa Claus y no recordaras haber firmado nada. Te encuentras con gente necesitada, con menos recursos y una vida menos acomodada a la que estás acostumbrado. Y aunque te sientas una especie de Rey Mago repartiendo regalos en la Cabalgata de Reyes, llega un momento que te cansas y comienzas a sentirte agobiado ante el incesante e incansable petición de generosidad. Es normal que las popularidades tengan que aguantar interminables sesiones con los fans, firmándoles autógrafos y haciéndose fotos. Cobran por su imagen y deben protegerla. Pero quién no es una popularidad y no está acostumbrado a ello, puede acabar muy fatigado física y mentalmente tras unas largas e intensas horas de ganarse el cielo. Y encima, pagando. Eso también entra dentro de los cánones de la normalidad. Al igual que perder las buenas maneras según en qué momento cuando la resistencia supera los límites.

Pero, como decía antes, eso ocurre cuando visitas lugares dónde la población vive sometida a ciertas dificultades y demás limitaciones económicas. Comprensible. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando ese acoso se produce en tu propia casa?. Porque, madre mía, las técnicas de marketing agresivo están haciendo de algunos comerciales de algunas empresas unas hordas de depredadores que, como te descuides, ya te han comido los piernas y se acercan peligrosamente a la cadera (su objetivo prioritario, claro está).


Hubo un tiempo que los mormones o los apóstoles de ciertos grupos religiosos te paraban por la calle para explicarte las bondades de su fe. No llevaban un cañón de hombro ni contaban con piel de iguana para camuflarse, pero parecían al acecho. Te veían y, aunque fingieras buscar un misteriosa línea en el horizonte más allá de ellos, plafff! Se ponían en tu camino y, como te pararas, bufff! busca refugio que llega el bombardeo. O cortabas por lo sano, con un tajante "no me interesa" y echabas a andar imparable, o te explicaban todas las interpretaciones habidas y por haber del Genesis y demás hazañas biblícas que pudieran contar antes de que se te permitiera siquiera abrir la boca. Debe ser que acumulan muchos años sin que nadie les abra la puerta de casa para oir sus trascendentales historias. No obstante, como van uniformados es fácil reconocerles, por lo que distinguirlos a cierta distancia te ofrece la posibilidad de tener unas incontenibles ganas de ir a saludar a alguien que está al otro lado de la calle (que sea conocido o desconocido es irrelevante). Así, o de una manera u otra, puedes escabullirte de una "chapa" de grandes dimensiones, recreando una huída digna de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente.


Eso era antes. Alguien debió pensar que la dicha era buena y decidió copiar el modelo. Almenos, en algunas salidas de metro de Barcelona, el Comercialus "quebrantahuesos" vigila a su presa. Solo es una campaña que durará unos días... lo cuál intensifica la voracidad del depredador que, aún sin pensar (directamente) con el estómago, las comisiones que se suman por pieza firmante o documento repleto de datos (datos que, de alguna manera u otra, acabarán difundiéndose en toda un puesta de cuernos a la Ley de Protección de Datos) despiertan sus instintos más sagaces. Más inverosímil que en un documental de la 2 o de National Geographic. Será porque en una misma calle, me asaltaron dos comerciales diferentes de la misma compañía: había conseguido zafarme de uno (fue rápido, si no te interesa, es clave evitar que coja carrerilla con su dicurso y rechazar raudo, veloz y educadamente el producto) y a los 40 metros me viene una chica, de la misma empresa y calcadas intenciones. Fui un poco más permisivo con ella (ay! esas cuestiones hormonales) y la dejé hablar un poco... pero fue terminar de hablar (sin un solo punto aparte) y ya comenzar a rellenar el formulario. ¿Será el mio?... un momento ¿cómo? ¡¿mio?! ¡Pero si no he abierto la boca ni he movido la cabeza!!!. Debe ser que tengo cara de conceder segundas oportunidades. Así que no puede evitar ser más seco que el Júcar en plena sequía. No vaya a ser que encima insista y ya sabemos cómo son muchas mujeres cuando se ponen pesadas.

No es la primera vez que me encuentro en esta situación. Lo malo de salirte de tu patrón de comportamiento y ser un poco arisco es que, encima, te sientes mal. Supongo que los "psicoanalistas" (o figuras análogas o semejantes) de estas empresas lo saben: hay que insistir hasta que el potencial cliente claudique o ponga cara de psicokiller. A los que tienen mala leche, ni se les acercan. La mayoría, en cambio, es tan reacia a decir "No" con convencimiento (se lo venden bien, no se quiere quedar mal, hay que ser correcto y educado) que, una vez (mal) dicho, hasta puede generarle remordimientos. Sé que suena fatal: suena a falta de personalidad. Será que la plácida vida en sociedad, con sus alienaciones y enajenaciones pertinentes, nos ablanda. Y, claro, como no pasa todos los días...

La Tercera Ley de Newton es una pega a estas estrategias de marketing agresivo. Un amigo me comentaba que el 90% de las llamadas que recibía en el teléfono fijo eran de comerciales insistentes. De esos, la gran mayoría no le dejaban prácticamente hablar (sobretodo si se intuía una posible respuesta negativa). Así que, harto, decidió mantener casi todo el día el teléfono desconectado. Lógico: yo también siento casi pavor cuando suena el teléfono fijo (en el móbil sueles poder ver quién llama): "Buenos días, vengo a contarle el cuento de las mil y una maravillas y se lo repetiré hasta que se sienta Lobotomizado ". Parece que hayas pisado un cepo: te sueltan el rollo, te hacen sentir idiota por no comprar su producto y, encima, te cuelgan molestos como si les hubieses apuñalado por la espalda. Una chica de cierta compañía telefónica me llegó a expresar, algo alterada ella, que "¡Telefónica les está robando!!!!" ¡No se dan cuenta: Os está robando!!!. Ya veis, solo porque, tras permanecer silencioso a su "autoventa" (era estilo Juan Palomo, pero por educación no quise interrumpirla bruscamente), me pidió confirmar mis datos domiciliarios para el envío y le dije (en mi turno de palabra) que parara el carro, que no enviaran nada, porque no quería nada. La chica, por lo que parece, se irritó. Consecuencia: he perfeccionado mi modus operandi. Si a los 7 segundos no me gusta el contenido de la llamada, cuelgo sin mediar palabra.
Vale, soy un borde. Ahora bien, si quiero ver los resultados de la "cadena alimenticia" de la economía de mercado, ya veré un documental. Son menos estresantes.

4 Comments:

Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Pues estoy plenamente de acuerdo... Hay comerciales inteligentes que, primero, saben a quién abordar, y segundo entienden cuando no quieres ser molestado. Pero por desgracia no suele ser lo usual... Y eso me lleva a caminar por el centro comercial que tengo cerca de casa con la mirada en el suelo.

Cuando contraté el ADSL con Telefónica, me llamó al día siguiente un comercial de Telefónica para decirme si me interesaba contratar una línea de ADSL. El chaval acabó muerto de risa y pidiéndome disculpas...

30/12/08 13:11  
Blogger C.C.Buxter said...

No te lo vas a creer, pero estos días estaba pensando en escribir precisamente sobre esto.

Como sabes, uno de los efectos secundarios de las oposiciones es que tienes que encerrarte o en casa o en la biblioteca; yo opté por lo primero. Pues bien: no hay día que no reciba, cuando menos, dos llamadas de comerciales. Yo juego con ventaja, ya que mi teléfono fijo tiene identificador de llamada, así que cuando veo que en la pantallita resplandece un "Anónimo" no lo cojo ni de coña. A veces, sin embargo, son lo suficientemente audaces como para no ocultar el número, y claro, ¿quién sabe si el que llama no es un pariente? Casi nunca es un pariente, sino un comercial que pregunta por mi padre. Mi experiencia me aconsejaba que dijese que no estaba (lo que era cierto) y que, a la pregunta de cuándo estaría, contestase muy de noche (lo que ya no era tan cierto). Con esta respuesta, solían desistir, bien porque ya no trabajaban a esa hora, bien porque lo habían pillado. Sin embargo, con eso de que algunas compañías tienen el "call center" en Bolivia o lugares semejantes, les dices que llamen a las 22:00 y van y te llaman... ¡como allí es por la tarde! Ante esta nueva circunstancia suelo optar o por dar largas, o por decir que llamen al día siguiente por la mañana, a sabiendas que no voy a contestar ni aunque me paguen.

En el fondo, los comerciales son unos pobres currantes, y en la medida de lo posible intento no ser demasiado brusco, aunque ni les abro la puerta ni me paro en la calle (suelo poner cara de cabreado cuando están cerca). Yo no haría ese trabajo ni loco, porque debe ser muy duro; pero sí que he repartido publicidad y he experimentado las miradas de suficiencia o los desprecios de algunas personas (pobre piltrafilla sin estudios, pensarían). Todo ello ha generado en mí una rabia acumulada que descargaré en su momento...

31/12/08 12:10  
Blogger Miroslav Panciutti said...

Las agresiones comerciales son insoportables. Las has descrito perfectamente y parece que no hay otra opción que la de comportarse como un borde. En algunos casos, cuando me llaman de compañías con las que ya tengo relaciones comerciales (mi banco, por ejemplo) para soltarme alguna oferta maravillosa, les digo que no soy capaz de digerirla oralmente así que no se molesten y les pido que me envíen un mail. No deja de ser un despeje fuera del área, pero no se te hace violento. En fin, como dice buxter, al fin y al cabo son currantes haciendo su trabajo ... pero mira que molestan. Un saludo y feliz año.

3/1/09 22:20  
Blogger Reverendo Pohr said...

Ya estoy de vuelta.

Bueno, Juan, están las "leyendas urbanas" (como la referente a Tecnocasa) sobre cómo "instruyen" ciertas empresas a sus comerciales, con su filosofía radical de éxito o fracaso. El resultado lo es todo. Y así te puedes encontrar su forma de "pedalear": cabeza abajo y a piñón.

Buxter, yo también he repartido publicidad (hace bastantes años) y ya sé que es inevitable encontrarse con algún que otro estúpido. Sin embargo, ni estás empujado a ser "ambicioso" repartiendo ni te sientes (percibes) "agredido" : puedes coger la publicidad o no. Suelo ser educado con ellos, al igual que cuando se me acercan y, almenos, me preguntan si quiero pararme a escuchar su oferta (y aceptan el NO sin problemas).

Ya recuerdo tu experiencia con el Digital Plus, Panciutti. Almenos, tú estuviste erre que erre. Pero, ¿cuanta gente deja hacer y eso permite crecerse a determinados vendedores que emplean la táctica "primero dar el palo y luego, si el cliente no se queja..."?. Quizá un poquito de culpa la tenemos los consumidores en general, generalmente muy poco dados a la queja. Si las denuncias por abuso se acumularan, igual no habrían tanta "depredación proconsumo" por parte de ciertas empresas a la hora de abrirse mercado.

FELIZ AÑO 2009 a todos

7/1/09 10:02  

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