jueves, octubre 11, 2007

Bárbaros en Canaan (parte II)

Aeropuerto de Marrakech (Marruecos), 9:30 A.M. Se aproxima la hora de facturar mi equipaje: una escueta mochila. Esperaba con enorme paciencia dicho momento, puesto que llevaba allí desde las tres de la mañana y seis horas sin duda fomentan con rigurosidad cuasiacadémica semejante virtud. Había estado viajando toda la noche, atravesando la cordillera del Atlas, y, gracias a la Divina Providencia, había llegado vivo y se habían cumplido a rajatabla mis matemáticos timings. Hayábame allí con un poquito de antelación, pero no iba a ponerme cenizo. Si había aprendido algo de mi estancia al sur del Estrecho de Gibraltar era que, en no pocas ocasiones, debemos transformar nuestra gloriosa mentalidad occidental, tan propensa al estrés, a las prisas y al yugo del reloj por una visión más orientalizada de la vida, dónde el ascetismo, la relajación y la paciencia son elementos fundamentales (ya sabía yo que el aire sahariano me iba a alerdar ligeramente).

Tras pasar tantas horas con los bereberes, mi retorno con mis congéneres culturales, paísanos queridos que, al igual que un servidor, retornaban a Barcelona, sirvió para aportar nuevo material a mi catálogo personal de anécdotas. Los que hayais tenido ocasión de viajar con frecuencia sois conscientes que el Top-10 de best-sellers cuenta con la famosa obra "Psicología del viajante esporádico-ocasional , cuyo fundamento es: "El Yo turista: lo más importante del universo entero". Casi todos hemos oido inevitablemente hablar de ella: salimos de casa, nos gastamos un dinero y eso nos otorga el derecho popularmente reconocido de comportarnos como nos place. ¡Para algo hemos pagado!. Si nos vamos al desierto, no nos callamos hasta que la arena nos responda; Si nos vamos a la Selva, no nos importa ser como Tarzán (lo del taparabos es metafórico); Subimos a una montaña y nos quejamos de lo abrupto que es el terreno; Entramos en un bosque y pedimos a gritos que los bichos no nos molesten. ¿Porqué no será todo tan cómodo como ver fotos y visionar documentales en DVD?. En fin, menos mal que las protestas y la todajeta están a pensión completa.

El stand de facturación de equipajes de Click Air se dispone a iniciar su servicio. Por supuesto, los recién llegados al aeropuerto, quizá emocionados por volver a la "civilización", desean ser servidos ipso facto. No importa que seas el último: ¿No dijo Jesucristo que los "últimos serán los primeros"?. Se enciende la pantalla y comienza una espectacular carrera de carritos. Unos abueletes emulan a Alonso y Hamilton (Buff, para qué iba a ver el GP de Hungría. ¡Esto es mejor! ¡Y sin sanciones!!), chocando entre si, rompiendo todas las filas/colas habidas y por haber. Obviamente, tras los "pilotos de McLaren" venían los de Ferrari, los de Toyota, los de Renault... No iban a ser menos listos. Emocionante!

Como un servidor ya se ha vuelto medio bereber, solo permanece observando el espectáculo. Mira que soy idiota. Con la cantidad de veces que me han dicho "Tienes que ser espabilado", "tienes que ser más pillo que los demás", "pisa y no te dejes pisar". Y, pese a no haber riesgo de "overbooking", yo ni caso. ¿Qué hago que no me voy dando de guantazos para posar delante de esa empleada tan guapa?. ¿Y se enamora de otro antes que de mi?. No hay manera, en lugar de perseguir mi fin en la vida, yo deleitándome con el especial del malogrado Félix Rodriguez de la Fuente sobre los buitres. Posiciones ganadas con los maletones, miradas de desconfianza, exigencias, quejas, reivindicaciones... ¡Hay que ver! ¡Cuantas ganas tenía de volver a juntarme con gente del Primer Mundo! Siempre tenemos una manera mejor de hacer las cosas: la nuestra. Eso es grandeza.

El problema de ir de turista por el mundo es precisamente ese: te ven como a un turista. Esto es: un portador de divisas. En el momento que te interelacionas con los autóctonos, la percepción cambia: pasas a ser un invitado. El resultado de esa transformación es realmente sorprendente. Cuando alguien te agasaja, lo primero que piensas es "¿Cuánto me va a costar?" o "¿Cuánto le doy?". Vieja costumbre de pagar por cualquier servicio. Esa persona se despide, te da la mano, te desea suerte. Y se te queda cara de tonto cuando se marcha sin pedirte nada a cambio. No me refiero a los típicos plastas que te persiguen en los lugares megaturísticos, que los hay en todos sitios, sinó a la gente común, que es más numerosa y más discreta. Acostumbrados como estamos a ir con la "escopeta cargada", bajo el caparazón del turista protegido por el Estado de turno, no dejamos que se nos acerque nadie. Quizá no le otorguemos su debido valor, pero tratar con la gente bien vale el precio de algún que otro pesado. A la espera de semejante descubrimiento, nos quedamos asombrados cuando alguien desea interactuar con uno (hablar, escuchar, enseñar algo) y después se va tan feliz, mientras uno cree que acaba de superar una prueba de supervivencia. ¿Cómo es posible que alguien solo pretenda hablar contigo?.

¿Le doy algo?- Piensas cuando te invitan a casa de un desconocido solo por ser amigo de un amigo, es decir, siendo un completo desconocido. Se acerca y le miras como a un camarero presto a entregarte la cuenta que te va a suponer un palo descomunal. ¿Estás bien? ¿Has comido bien? ¿Quieres té?. Eres su invitado. Te trata como a un rey a cambio de que sepas comportarte con respeto en su casa. Abandonas la morada de tu hospitalario anfitrión y no te crees que te hayan tratado de aquella manera gratuitamente (como siempre no podemos evitar monetarizar todo) . Ha sido todo un sueño. ¿Cuántos sitios conocemos que ni pagando te tratan con una pizca de consideración?. Es imposible.

Seguiremos pretendiendo ser los primeros en todo. No dejaremos de aleccionar al resto del mundo con nuestros insuperables valores. Nos mantendremos en guardia para que no nos sorprendan, ni para mal ni para bien. No cesaremos en nuestro empeño de demostrar que somos más listos que nadie. Y lo más importante: ¿Qué tal si levanto el culo del asiento, dejo de observar la estupidez ajena y me pongo en la cola de facturación como el resto de los mortales?

2 Comments:

Blogger pani said...

¡Oferta! Ahora con su billete le regalamos la guía "¿Cómo hacerse notar en el extranjero? Los guiris son los otros."
Esta maravillosa guía incluye un cursillo de caras de asombro ante costumbres foráneas.
Asímismo, si acierta cuántas veces el guía repite la palabra "tolerancia" el viaje le saldrá a mitad de precio.

25/10/07 10:46  
Blogger pani said...

A propósito, puedes difundir la foto del motortola.
El título hace referencia al slogan del mediamarkt "yo no soy tonto", pero tu sugerencia no es mala. También podría haberlo titulado. "Mediamarkt: yo no soy torto".

25/10/07 10:49  

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