viernes, septiembre 07, 2007

Maldad, fascinante maldad

Dicen que en la Grecia antigua la sabiduría/inteligencia se identificaba con el bien y la ignorancia/estupidez con el mal. Nada más lejos de la realidad, cine y literatura han dejado constancia de que la vertiente moral no tiene nada que ver con la destreza mental. Si bien desde pequeños hemos tenido nuestros héroes (o superhéroes), siempre prestos a vencer a los malvados, hay que reconocer que entre éstos últimos hemos podido conocer algunos personajes que, me atrevería a decir, nos han parecido incluso fascinantes (no solo por su retorcida maldad sinó por su imaginación, ingenio e inteligencia). El mundo del cine ha dejado para la posteridad una amplia variedad de auténticos "monstruos" que, más allá de la dualidad bien-mal, han demostrado ser, en muchas facetas, muy superiores a los supuestamente verdaderos protagonistas que, por un motivo u otro, más o menos verosímiles, acaban imponiendose por la simple lógica de "el bien vence el mal" más que por una confrontación de habilidades. "Habla de él (Dracula) como si le admirase"- dijo Jonathan Harker al profesor Van Helsing. "La verdad es que en su tiempo fue un hombre notable" - le respondió.

Como si de un político real se tratara, la saga de ciencia ficción Star Wars nos deja la figura del senador Palpatine. La carrera política de este peculiar y maquiavélico individuo no tiene desperdicio: utiliza una segunda personalidad para promover la invasión del planeta principal del Sistema Galáctico del que es senador (Naboo); Consigue que la reina de dicho planeta promueva una Moción de Censura contra el Canciller Supremo de la República; Aprovecha el desastre humanitario que genera la invasión para ganar simpatías y gestos solidarios en el Senado, que acaba por nombrarle nuevo Canciller (Episodio 1). A pesar de ser el principal representante político de la República, instiga una rebelión contra la misma, organizando, a través de marionetas (Conde Dooku), un grupo armado independentista, la existencia del cuál sirve de justificación para crear un gran ejército profesional republicano (ya preparado en la clandestinidad); Oficialmente este ejército es el que provoca la guerra, pues interviene militarmente sin declaración previa, y para la cuál el Canciller obtiene una serie de poderes especiales más propios de un dictador que de un presidente (Episodio 2). El fin de la guerra no será motivo para que renuncie a ese poder otorgado excepcionalmente. Es más, hará ejecutar a todos los del bando derrotado (sobretodo a los que puedan vincularle con ellos), a todos los opositores/controladores de su propio bando (senadores, jedis) y transformará la Democracia en Monarquía Imperial con la finalidad de establecer un orden que evite "otro sangriento y doloroso enfrentamiento civil" (Episodio 3). Y así un vulgar senador se convierte en emperador. Como la política misma. Julio Cesar y Octaviano estarían orgullosos de él.


Otros "gremios" han tenido también representantes emblemáticos que uno nunca querría como enemigos. Para comenzar, destacaría a dos: al Reverendo Harry Powell (La Noche del Cazador) y el Doctor Hannibal Lecter (El Silencio de los Corderos). El primero, interpretado memorablemente por un descomunal Robert Mitchum, es un clérigo-predicador poco convencional, cuya fina dualidad moral está escrita en sus propios nudillos. Espera a que ejecuten a su compañero de celda, se casa con la mujer de éste, intenta camelarse a los hijos... mil argucias por un botín. El segundo, con un magistral Anthony Hopkins, no deja impasible a nadie. Pese a estar enjaulado en un centro de máxima seguridad, juega constantemente con todo el mundo. Su espectácular y meditada fuga resulta terrorífica: destroza a sus dos guardianes, le arranca la cara a uno de ellos y, tras deshacerse del cuerpo, se hace pasar por él como agente herido. Cuando la policía se da cuenta del engaño es tarde: la ambulancia que le transportaba al hospital nunca llegaría a su destino. "Lo siento, Clarice, debo dejarla. He quedado con un amigo para comer"




Como discípulo del Señor Lecter, bien podríamos incluir Jigsaw, protagonista de la saga Saw (de James Wan). Con intención aleccionadora, somete a sus víctimas a una serie de monstruosos, sufridos y macabros juegos, cuyo objetivo es la propia supervivencia. Enfermo de un cáncer terminal, pretende que las personas de su alrededor se den cuenta del valor que tienen la vida y los seres queridos, con la máxima de "vivir es un privilegio; si no lo crees, mejor no vivas". Un médico que, para salvar a su familia, debe elegir entre matar al paparazzi que puede arruinar su vida o serrarse un pie; el policia que descubre su amor paternal cuando su hijo queda encerrado en una casa acompañado por una serie de delincuentes que acabaron en la cárcel gracias a su fea costumbre de falsificar pruebas; el padre que pierde a su hijo y debe decidir si perdonar a los responsables o verlos morir de una manera horrible y cruel; Repugnante, sanguinario, sádico... muy ingenioso. Dios no quiera que te lo cruces por la calle. Sin duda, los guionistas se han más que ganado su paga.


Otro antagónico personaje cinematográfico que me sorprendió fue el misterioso kaiser sauzee (Sospechosos habituales), ese poderoso malvado cuyo nombre conocía todo el mundo pero nadie había visto nunca. Cinco delicuentes son detenidos el mismo día y coinciden en la misma rueda de identificación, algo completamente inusual. Como si el azar les hubiese reunido, se hacen socios y comienzan a realizar "trabajos". La cuestión es que no fue cosa del azar, sinó que su punto de unión es un fantasmagórico señor del hampa (Sauzeé) al cuál, involuntariamente, habían perjudicado. Finalmente todos van muriendo uno a uno y solamente sobrevive quién menos podía esperarse: el tullido Verbal Kint, que, entre lagrimas, acaba confensándolo todo al intrépido detective interpretado por Chazz Palminteri. Pero ni siquiera éste pudo imaginarse que todo era una monumental mentira hasta que fue demasiado tarde. Verbal Kint no existía: era una brillante interpretación del verdadero Kaiser Sauzee. El actor que nos deleitó con aquella soberbia actuación fue el por entonces poco conocido Kevin Spacey, que se hizo merecedor de su primer "Oscar" (Mejor Actor de Reparto). Su fama seguiría in crescendo con su papel de John Doe, el metódico asesino de Seven. Solo aparece al final (al igual que Marlon Brando (Coronel Kurtz) en la inconmensurable Apocalypse Now, lo cuál no impide que toda la película gire en torno a su antagónica pero cuasidivina figura), pero es suficiente para dejar con un par de palmos de narices a todos unos Morgan Freeman y Brad Pitt, que no pueden impedir 7 diferentes tipos de muerte basados en los 7 pecados capitales. Aquí también se lo curraron los guionistas.

Antes de acabar, es de menester referenciar al cine clásico. El blanco y negro ha dejado para la posteridad personajes impresionantes, tanto protagonistas como antagonistas, que superan ampliamente y con creces a la inmensa mayoría de los interpretados en la coloreada actualidad. Se podrían citar muchos, la mayoría británicos, pero me quedaré con dos celebridades que fueron capaces de moverse a ambos bandos del espejo de la moralidad: Orson Welles y Marlene Dietrich . Welles interpretó a un largo electo de inteligentes "malvados", desde Ciudadano Kane hasta el inspector Quinlan (Sed de Mal). A la berlinesa, solo hay que echarla un vistazo de Testigo de Cargo, del genio Billy Wilder. Uff, para tenerla como novia!!


Así pues, muchos han sido los malos-malísimos que nos han sorprendido en el mundo del cine. Tanto que hemos llegado a simpatizar más con ellos que con los verdareros protagonistas. Desde el ingenio del retorcido Bruno Anthony (Extraños en un Tren) hasta la sobriedad de Vito y Michael Corleone (El Padrino), el Séptimo Arte ha tratado de seducirnos diabólicamente con personalides muy atractivas que han llevado a uno mismo en alguna ocasión a preguntarse: ¿Por qué son o han de ser tan malvados?. No diré que esta pregunta está exenta de malicia. Además, el "diablo siempre es tentador". Pero si, es cierto como dicen, la realidad supera a la ficción...

5 Comments:

Blogger Patricia said...

Muy bueno, como siempre, literato. Magnífica recopilación de los malos malísimos.

Saludos

17/9/07 15:04  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Qué difícil es escoger uno solo de estos malos malísimo... Ya se sabe que la grandeza de un héroe es directamente proporcional a la del villano al que se enfrenta...

Muy buena selección, a la que me hubiera encantado añadir los dos grandísimos malos del mundo del cómic (Lex Luthor y el Doctor Muerte), pero el cine no ha sabido tratarlos como se merecen, sobre todo al segundo.

Por cierto, no sé si a alguien le habrás destrozado el final de 'Sospechosos habituales'...

18/9/07 12:57  
Blogger pani said...

Los buenos acaban siendo aburridos, siempre ganan y eso en la realidad pasa poco.
Me encanta el poder que tiene Kiefer Sutherland en Llamada Pérdida (o Última Llamada).

18/9/07 13:21  
Blogger C.C.Buxter said...

La fascinación que uno puede sentir hacia esos personajes malvados es, dentro de lo que cabe normal; después de todo, ese "reverso tenebroso" también forma parte de la condición humana. Más difícil de comprender es, sin embrago, que se sienta fascinación respecto de malos "reales", como puede ser el caso de Charles Manson, Richard Ramírez o, en plan doméstico, el asesino de la katana, que en la cárcel han recibido y reciben cientos de cartas de admiradores y enamoradas, no a pesar de lo que hicieron, sino precisamente por lo que hicieron.

Puestos a poner otro ejemplo, me quedo con el más reciente que he descubierto, que no es otro que el de Barbara Stanwyck en "Perdición": la cara de satisfacción que pone mientras su marido está siendo asesinado es realmente terrorífica. Claro que si uno lee las novelas de James M. Cain sabe que nunca hay que fiarse de las mujeres rubias y hermosas...

18/9/07 21:44  
Blogger Pepe Dólar said...

Yo voy camino de la maldad por culpa de esta sociedad cruel.

Saludos comunistas

19/9/07 12:38  

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