lunes, febrero 02, 2009

Lores de la deportividad

"La talla de un hombre se mide por la grandeza de sus enemigos"

Nadal y Federer, Federer y Nadal. Dos tenistas. Dos personajes realmente intrascendentes: son los dos mejores practicantes profesionales de un deporte como es el tenis, un ejercicio consistente en intentar devolver una pelota con una raqueta de tal manera que tu rival no te la pueda retornar. Aún así, son dos personajes muy populares en el mundo y hacen de esta práctica un auténtico espectáculo para sus aficionados. No solo porque derrochen talento deportivo dentro de una pista de tenis. También porque son un ejemplo deportivo fuera de ella.

Nadal y Federer no solo son dos deportistas. Son rivales enconados, protagonista y antagonista de su particular historia, enemigos acérrimos en la lucha deportiva por ese título individual que es ser el mejor, el número 1. Y, a pesar de ello, nunca me ha parecido que hayan dejado de profesarse una admiración y respeto mútuos. Como si fueran conscientes de que la grandeza de uno estuviera estrechamente relacionada con la grandeza de su oponente. No suelen verse ni escucharse desprecios ni críticas gratuitas entre ellos. Parecen dos aristocráticos y elegantísimos lores, consecuentes con su privilegiada situación, poco interesados en rebajar el nivel de sus enfrentamientos a la chabacanería y la vulgaridad. Como si vivieran en otro nivel o se hayasen en otro estadio: sin necesidad de demostrar compulsivamente una superioridad, ya saben que son unos privilegiados. Se preocupan y disfrutan de lo suyo, sin necesidad de alardear constantemente de lo buenos que son ni esperar que hayan desgracias ajenas que les haga sentirse mejores.

En algunas ocasiones, he escuchado a personas que otorgaban gran valor a la "picardía" y que consideraba un meritorio logro obtener sin necesidad "duros a cuatro pesetas". "¡Qué listo/a soy!", se deleitaban en decirse a si mismos. Pues, en mi opinión (quizá peque de moralista), este es un tema que, lejos de llevar a buen puerto y despertar admiración, lo único que genera es mayor desconfianza (y gracias a Dios, la población en general no suele poseer armas de fuego). Aprovecharse de la buena fe de la gente por simple satisfacción personal (o más bien, por envidia o por la adictiva necesidad de combatir un arraigado complejo de inferioridad), me parece repulsivo. Y aún hay algo peor: la aún más adictiva necesidad de despreciar a un rival para sentirse mejor consigo mismo, superior a él, esperando de él que reconozca su inferioridad lo más rápidamente posible; Como aquél iluminado que se cree poseedor de la Razón o el Sentido Común único (en la línea de los monarcas absolutistas que tenían que creerse que recibían su poder de Dios, porque no querían asumir su real incapacidad para gobernar de forma óptima o su capacidad para errar); Una consecuencia de un complejo de inferioridad aún más acentuado que requiere ansiosamente reconocimiento. No hace falta decir que estos "principitos", lejos de ser reconocidos, lo único que acaban generando es precisamente una reacción adversa: que muchos se empeñen en no reconocerle nunca nada (es lo que tiene dejar al descubierto un defecto ante aquellos a los que desdeñas). Es lo mismo que le ocurre a los provocadores: necesitan constantemente que se les preste atención y, al principio, lo consiguen, pero a la larga, casi todo el mundo se acaba cansando de ellos (viven para si mismos y sus "necesidades") y, al final, solo les siguen aquellos que, o bien sienten empatía o bien tienen algún interés en que la provocación suscite algún cambio que pueda beneficiarles particulamente en el futuro.

¿Veremos algún día a Federer y Nadal encarándose o insultándose en una rueda de prensa o en una cancha con primitiva expresión "soy el macho del grupo, te voy a aplastar"? ¿O exaltando los defectos del otro para hacerse valer más?. Es poco probable. De momento, son el vivo ejemplo de la deportividad. Eso es algo que admiro muchísimo.

8 Comments:

Blogger C.C.Buxter said...

Aunque hay excepciones (el de McEnroe es el prototípico), esta deportividad también es consecuencia del tipo de deporte que practican: un deporte en el que el público calla respetuosamente, sin insultar ni intentar desestabilizar al rival; un deporte en el que, ante una jugada afortunada al tocar la bola en la red, el jugador favorecido pide se excusa; o un deporte en el que el rival aplaude las buenas jugadas que hace su contrincante. Comparar esto con lo que es habitual en otros deportes da buena cuenta de hasta qué punto es "antinatural" la deportividad en, por ejemplo, el fútbol.

Como bien dices, menospreciar e infravalorar al rival perjudica a uno mismo. Nunca he entendido a la gente que considera que los jugadores de X, su gran rival, son todos malos: ¿qué mérito hay entonces en derrotarles? O peor: ¿qué pasa entonces si te derrotan esos patanes?

2/2/09 15:23  
Blogger Reverendo Pohr said...

Aunque haya otros deportes dónde el público pueda desahogarse más a gusto, ciertamente en Tenis hay buenos ejemplos de falta total de deportividad. En un Brasil-España de la Copa Davis, Kuerten arengaba al público a insultar a Corretja; El mismo Corretja también tuvo que aguantar el comportamiento demasiado expresivo del australiano Hewitt en un Open de Australia (lo cuál, en visperas de la final de Copa Davis España-Australia, Corretja dijo que su único proposito para jugar el Masters (los dos primeros partidos se los tomó como un entrenamiento) había sido que el australiano quedara eliminado en primera ronda; Berdych hizó el gesto de callar al público de Madrid tras vencer a Nadal y, Ljubicic, tras perder con el mallorquín dos veces consecutivas, llegó a decir que prefería que los torneos los ganara cualquiera menos Nadal. Djokovic tiene la fea extraña costumbre de retirarse cuando pierde y el sueco Sonderling se tocaba los genitales cuando ciertas decisiones no le gustaban.

Sin embargo, el tema de la deportividad no la regalan ni en el mundo del deporte... ni fuera de él. Hay mucho miserable suelto que, encima, se hace el gracioso.

2/2/09 16:04  
Blogger S. Dedalus said...

Yo no lo veo cuestión de deportes, sino de personas. Seguro que en el fútbol también se puede encontrar algún buen ejemplo de deportividad y de respeto que suscite admiración.

Desde luego, yo, que siempre he sido una persona bastante antideportiva, me alegro infinitamente cuando encuentro que en ese mundo tan «cavernícola» para mí hay más civilización que en la civilización misma. Aunque supongo que no abundarán tanto como debieran esos ejemplos.

2/2/09 23:25  
Blogger C.C.Buxter said...

Por supuesto que pueden encontrarse esos y más ejemplos de falta de deportividad en el tenis. En cualquier actividad en la que concurran personas, dinero y ego tienen cabida los más bajos instintos humanos.

A lo que yo me venía a referir es que también influye, y mucho, lo que se considera "moalmente permitido" hasta cierto punto en un determinado deporte o, si queremos, en un determinado lugar. Por ejemplo, en el fútbol inglés está mal visto (incluso por los propios aficionados) que los jugadores simulen o protesten ostensiblemente a los árbitros; en España, sin embargo, esto se vé como algo normal y casi de obligado cumplimiento. Resultado: en Inglaterra hay más deportividad, en este sentido, que en España.

De la misma manera, hay deportes en los que es más fácil que surja esa deportividad, aunque en última instancia dependa de la persona. Es difícil por eso que Nadal pregunte irónicamente a su contrincante cuánto gana o que le mente a la madre, cosas que suceden diariamente en otros deportes.

Pero bueno, si hasta en ajedrez Karpov y Kasparov se llevaban a matar, todo es posible ;P

3/2/09 12:19  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Es cierto, cada deporte parece tener sus reglas. Lo que en el tenis es la excepción (los insultos en Copa Davis) en el fútbol es el pan nuestro de cada día... ¡¡¡y además te lleva a que la gente piense que eres una gran afición!!!

Federer y Nadal son impresionantes y muy dignos de admiración. Son caballeros y deportistas. De los buenos en ambos casos.

3/2/09 13:34  
Blogger Reverendo Pohr said...

Dedalus, el deporte como juego bien puede representar una manera de ver cómo afrontan las personas sus propias vidas. Dicen que la mejor forma de conocer a una persona es viéndola jugar; Supongo que porque inmersa en un juego, se centra más en los objetivos y menos en las apariencias. Ahora bien, hay que que concede tanta importancia a un juego que llega a mostrar sobremanera facetas poco habituales: cuantas veces hemos oido aquello de "tiene mal genio jugando y mal perder, pero es una bellísima persona"?

Buxter, el fútbol, además de deporte, es espectáculo (muy típico americano). Eso significa que no solo es un juego y su contenido, sino que la forma de mostrarlo y toda la parafernalia que lo rodea también adquieren cierta relevancia en su puesta en práctica.

Por otro lado, existen muchas lueces y sombras sobre la deportividad británica. He visto defensas ingleses, como John Terry, muy gritones con los delanteros rivales que luego se hacen los tontos cuando hacen alguna marrullería (todavía recuerdo un piscinazo suyo en el Camp Nou y su "inocente" reacción con un penalty tramposo. Entonces no gritó como un poseso). También he visto a jugadores ingleses cuya deportividad dejaba bastante de desear.

Juan, en ciertas ocasiones para muchos la obsesión se centra en ganar (como sea), no en el posible deleite del juego y las emociones que suscita. Como si plantearse la vida como ganador o perdedor dependiera de quién eres seguidor. Luego está el que, sin poner nada de su parte, aprovecha la circunstancia para desahogarse o hacerse valer a si mismo ante los demás.

Por cierto, debo decir que admiré la elegancia con la que respondiste a cierto/a individuo/a que fue a aleccionarte despectivamente a tu blog.

3/2/09 15:01  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Si ya sabes que yo soy de la Real, qué te voy a contar sobre eso de elegir a quien animar en función de que gane o pierda...

Gracias por los elogios, Reverendo. Ya verías que no sirvió para mucho, que quien quiere entrar a sabotear a quien expresa su opinión prefiere seguir viviendo en su burbuja de intolerancia...

4/2/09 12:52  
Blogger Reverendo Pohr said...

Hay que convivir con ciertas actitudes y dejar que se cansen en su cretino empeño. Después de todo, hay quién, quizá llevado por su juventud, que consideran que su "iluminada clarividencia" es digna de admiración y lo único que genera es mayor aprehensión. Hiciste bien en no prestar más atención.

5/2/09 12:12  

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