martes, marzo 13, 2007

Inmersos

"Cuando Dios quiere castigarnos, nos envía lo que queremos". Provervio latino.

Hace un par de noches tuve un extraño sueño. Llegué al trabajo, hora y media después, y todavía podía recordarlo. Soñé que me convertía en un demonio. No sabía porqué, como si fuera lo que en aquel momento tocaba. No tenía cuernos ni larga cola. Era un ser demacrado. Me sentía como si me faltara algo, sin seguridad de estar mutilado, como si tuviera la piel quemada y con un dolor extendido pero asimilado. Era un ser frustrado, enrabietado, deseoso de quemar mi cólera. Pero, sobretodo, tenía miedo.

Notaba como me movía a gran velocidad. Era ágil, podía desplazarme hacia cualquier lado, raudo y veloz. Me sentía poderoso, inmenso, soberbio y capaz de realizar cualquier cosa. No obstante, la arrogancia que iba acumulando no me impedía ver que mis movimientos estaban sumidos en el caos, sin sentido ni orden. No era completamente libre. Solo cumplía con lo que otros me decían. Era incapaz de gestionar mi propia libertad. Darme cuenta de ello me generaba más temor todavía. Sentí que abandonaba ese estado y creí que ya era suficiente. ¡Basta! Y me dije a mi mismo que la próxima vez me pondría en la piel de los magos. Comencé a despertar.


Dicen que los recuerdos se acumulan en el cerebro. Muchos de ellos ni siquiera sabemos que están ahí. El subsconsciente los guarda y, como si de informes se tratara, los va repartiendo esté presente o no la consciencia. Parece que, cuando soñamos, el subconsciente va con el carrito y se va despachando a gusto. Y el cerebro, como si de una administración se tratara, lleva a cabo sus diferentes "ejecuciones mentales". Al despertar nos percatamos de que estábamos soñando(aunque lo lleguemos a pensar durante el sueño, nunca tenemos una certeza absoluta). Hasta entonces, creemos que es real, por muchas rarezas que nos encontremos.

No hace falta estar dormido para creer que podríamos estar soñando. Tampoco para sentir que estamos mostrando una versión de nosotros mismos que no es la que creemos que somos (o que solo es una parte). Por ejemplo, mucha gente comienza una frase con "yo no soy racista pero...". Sabe que el racismo es algo peyorativo y popularmente mal visto, pero cree no conocer otra manera de expresar un sentimiento de impotencia y de frustración. Sus intenciones no son intrínsecamente "malas", pero pretende hacerse entender y desea cambiar una realidad más compleja, aunque cree no saber cómo. Por ello apela a formas/construcciones convencionales o a mensajes predeterminados. Y, aunque no expresen realmente lo que se pretende expresar, lo adoptan como propio. A veces, sin someterlo a su debido juicio.

En mi época escolar solían decir los profesores: "Al que copia de otro se le suele pillar porque también copia los errores". Lo que se acaba castigando no es el hecho de copiar en si. Lo malo es que una persona se encuentra a expensas de otra. No es cuestión de que si se equivoca uno, se equivoca el otro. El problema es que el copiador no adquiere ningún tipo de criterio y necesita a otro/s para tenerlo. A gran escala ocurre lo mismo: los que no quieren (o creen no ser capaces) desarrollar su propio criterio y toman el de los demás, se acaban encontrando a expensas de ellos. Cuando estos últimos cometen un error, los otros van detrás. Obviamente lo hacen porque creen que están en lo cierto.

Pero, ¿y si no lo estás? ¿Cómo te das cuenta de que estás cometiendo un error? Bueno, supongo que de la misma manera que te das cuenta de que estás soñando. Despiertas. Los "despertares" pueden resultar muy duros. No solo descubrir que uno está viviendo como un sueño. También que se ha dejado utilizar y ha mostrado una versión de si mismo que no coincide con lo que uno cree que es completamente. Te das cuenta de que las cosas no eran exactamente como creías (o cómo te habían hecho creer). Como decía el filósofo griego Parménides: La verdad gusta de ocultarse. ¿Por qué?. En la historia de la filosofía, la verdad siempre ha sido un problema. No para el que la oculta, que ya la conoce, sinó para el que la encuentra. En estos días, veo en los medios de comunicación mucha gente que afirma buscar la verdad. Tal vez, la encuentren. Eso si no la tienen ya delante. Pero, como decía Morfeo en The Matrix ,"Si tomas la pastilla roja verás adónde te lleva la "madriguera de conejos". Solo te prometo la verdad" (no que te vaya a gustar).

No sé mucho de sueños ni domino la rama de la psicología. Pero, a tenor de lo que me dijo el subconsciente, creo debo hacer algo para no convertirme en demonio. Intentaré ser mago.

5 Comments:

Blogger Øttinger said...

Y por qué no convertirte en demonio. Esos prejuicios... al fin y al cabo el primero de ellos no era más que un ángel que cumplió con su voluntad.

13/3/07 17:32  
Blogger Harry Reddish said...

todos llevamos un pequeño demonio dentro, a veces es interesante sacarlo. Como dice ottinger, el no querer convertirse en un demonio, no son más que prejuicios

Viva el mal, viva el capital (es coña)

Salud!!!

13/3/07 20:28  
Blogger Carlos said...

Reverendo, lo que te pasó fue real y se llama resaca del "demonio"... ya te dije que los dos últimos cubatas te sobraban...

14/3/07 10:04  
Blogger C.C.Buxter said...

Por eso se dice que "no hay peor ciego que el que no quiere ver": es muy duro tener conciencia de que aquellas cosas o personas en las que creías son un fraude, así que muchas veces nos autoengañamos para no enfrentarnos a la verdad. En "San Manuel Bueno, mártir", cuando el joven de ideas socialistas le dice al pobre cura aturdido por su crisis de fe que le diga a la gente del pueblo "la verdad", el hecho de que está dudando de la existencia de Dios, él le replica: "ellos no podrían soportar la verdad".

En muchas ocasiones, todos nosotros decidimos no tomarnos la pastilla roja...

15/3/07 13:50  
Blogger Reverendo Pohr said...

Presumimos que los demonios son poderosos, pero son también seres atormentados. Mucho poder desperdiciado, sin fruto más allá de uno mismo. Además, al igual de los ángeles, los demonios no tienen sexo ni pueden practicarlo. ¡Eso si que debe ser un tormento de vida!

Existen ciegos y pseudociegos. Hay gente que no puede elegir.Creo que algunos sí buscamos poder hacerlo, aunque tal vez ya lo hayamos hecho y no tengamos opción.

Y Litos, no culpes a los espíritus del vino. El sueño era otro tipo de transmutación.

16/3/07 11:45  

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