miércoles, marzo 21, 2007

¿Tienen dos ojos en la cara?

"Es la misma lluvia la que hace crecer en la tierra inculta espinas y zarzas y en los jardines flores". Ludwig V. Beethoven

El muchacho permanecía de cara al patio, expectante. Observaba atentamente todo lo que sucedía a su alrededor. Sus compañeros de escuela aprovechaban su tiempo de recreo, mientras él distraía su mente en perversos pensamientos. Solo era cuestión de elegir con quién iba a "interactuar" y esperar pacientemente el momento y el lugar. Perfilaba su modus operandi con el objetivo de conseguir el máximo de "diversión" al menor precio posible. Acumulaba expulsiones en 7 colegios diferentes sin haber terminado Primaria, pero se sabía imparable. Debía dar rienda suelta a esos sentimientos contenidos de agresividad y odio. Solo había que aguardar.

Casi todos los profesores de la escuela tenían los ojos puestos en él. Un solo despiste y se podían encontrar con un nuevo problema generado por ese pequeño sujeto. El problema no era solo que pudiera hacer daño a alguien, como había intentado anteriormente, sinó la desproporcionada respuesta de alguno de sus compañeros. Los docentes no eran los únicos que lo tenían en el punto de mira. Otro alumno, menos corpulento pero un año mayor, lo acechaba. Tenía una personalidad muy distinta, bastante buena persona. Un joven tranquilo y educado. Era vecino suyo y sentía un odio descomunal por ese niño con mente de psicópata. Estaba esperando a que hiciera alguna de las suyas. Una más y le partiría la cara personalmente, sin importarle la consecuencias. Creía que debía aleccionarlo como correspondía.

Solo era cuestión de tiempo que ocurriera lo inevitable. Un profesor observaba al tristemente "popular" niño coger a otro por detrás, apretándole por el cuello. ¿Estarían jugando?. La respuesta llegó cuando la cara de la joven víctima comenzó a cambiar de color. El agresor no solo no aflojaba. Su mueca de satisfacción resultaba inquietante. Inmediatamente, éste y otro profesor intervinieron para separarlos. Hubieron de aplicarse, puesto que no se les está permitido pegar a los alunmos pero el atacante se resistía con fuerza a liberar a su víctima. Finalmente lo consiguieron y lo empujaron contra una pared. Mientras preguntaban al otro chaval si se encontraba bien y se aseguraban que podía respirar, a sus espaldas proliferaban los insultos y las amenazas de muerte de ese engendro con cara de niño. Hicieron caso omiso a sus palabras. Sin embargo, no se percataron que, a gran velocidad, se acercaba otro muchacho. En unos segundos, alguien iba a tragarse sus venenosas palabras durante un largo rato.

Los profesores quedaron desconcertados cuando vieron aquel tranquilo joven de 5º golpear con violencia la espalda de aquel otro estudiante problemático. Lo tenía claro: le partiría la columna a patadas. El habitual "verdugo" no se quedaría de brazos cruzados. Esto no era más que prorrogar la diversión antes iniciada. Los docentes actuaron con relativa rapidez, aún sin evitar un brutal intercambio de golpes. Ambos chavales destilaban odio en su mirada. Eran como dos perros rabiosos esperando destrozarse a mordiscos. Los mantuvieron agarrados unos minutos que se alaragaban una eternidad. ¿Acaso los minutos se ralentizan cuando el odio está en el aire?. Todo indicaba que una nueva rivalidad estaba servida: ¿qué iban a hacer con esos chicos?. "Menuda cruz, ¿cuándo acabará esto?" debían pensar estar pensando los educadores. Esto llevaría su tiempo.

Muchos años más tarde, aquellos dos jóvenes, ya mayores, que durante una época se odiaron a muerte, se encontraban de nuevo. No era un hecho esporádico. De hecho, se veían cada día. Se hablaban sin pegarse. Trabajaban juntos en la misma empresa, de la cual compartían acciones. Uno ejercía de director. El otro, el que había acumulado 7 expulsiones de niño, era su jefe de marketing. Al mediodía, muchos días solían comer juntos. Hablaban de sus cosas, de su familia, del trabajo, de fútbol y, de tanto en tanto, rememoraban sus historias de la infancia. Las cosas habían cambiado tanto. ¡Vaya si habían cambiado!. Muchos se preguntarán qué ha podido pasar en todo este tiempo para que se haya producido un cambio tan radical y excepcional en estas dos vidas.
Esta mañana escuchaba la noticia del nuevo y sorprendente acuerdo de gobierno en Stormont (Irlanda del Norte). El nuevo ejecutivo autónomo será presidido por el reverendo protestante Ian Paisley, otrora apaleador de manifestantes católicos, y contará como número dos a Martin McGuinness, ex-jefe del I.R.A. Muchos se preguntarán también cómo ha sido posible este acuerdo entre dos grupos radicalmente antagónicos. Y ciertamente, en ambos casos, el cómo no puede eliminar una sensación hecha idea. Son unos extraordinarios hechos presentes. Y son motivos suficientes para que hoy sea un gran día.

3 Comments:

Blogger Carlos said...

¿Qué es lo que ha pasado? que de vez en cuando, en este mundo convulso en el que vivimos, se impone la cordura...

No hay nada que con la palabra no se pueda solucionar, se tarde más o menos, al final es la solución.

27/3/07, 11:03  
Anonymous Anónimo said...

No sé si se impone la cordura, al menos se comete el riesgo de intentar que se imponga.

27/3/07, 16:53  
Blogger Tanhäuser said...

Maravilloso, querido amigo.
¿Qué ha pasado? No lo sé, pero quizá haya ocurrido algo similar a lo de tu bella historia. Quizá un día las dos partes se han dado cuenta que la violencia, venga de donde venga, no es el camino. Que las sillas son para sentarse en ellas y si media una mesa entre dos, siempre es más agradable compartirla.
Hoy es un gran día para todos. La razón ha triunfado y por una vez vencimos a la barbarie.
Un gran abrazo y enhorabuena por un trabajo tan excelente.

28/3/07, 20:19  

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