viernes, enero 11, 2008

Aletiómetro, aletiómetro, ¿quién tiene más fe?

El otro día leía el titular "Ken Follet, un ateo fascinado por las catedrales" . Me resultaba curioso ese énfasis en su condición religiosa (o no-religiosa), como si ésta fuera relevante para admirar una obra arquitectónica y lo que pueda acontencer en su interior. Bueno, de hecho, este caso no resultaría tan raro, teniendo en cuenta que, muchas personas de otras religiones no-cristianas, consideran el ateismo ideológico como una excentricidad propia, casi exclusivamente, de las sociedades occidentales cristianas. De todas maneras, vueltas les daremos las justas. Uno podría pensar que, simplemente, Follet es una persona que siente enorme admiración por un lugar de un culto que no es el suyo, pero de ahí a una especie de slogan: "Ken Follet, ateo sin complejos"... . En fin. No deja de ser algo anecdótico, pero después de la polémica surgida con el estreno de La Brújula Dorada (Weitz, 2007), adaptación del libro Luces del norte (de su compatriota Philip Pullman), me da la sensación de que están saliendo novelistas ateos por todas partes. La Iglesia, sin duda, debe estar aterrorizada. Parece que la lista de anticristos con pluma tintada crece por momentos.

Uno de los enemiguísimos del cristianismo más populares, sin
duda, fue hace unos años Dan Brown, autor del Código Da Vinci. Dio bastante de qué hablar, se pidió un boicot masivo ante el producto (tanto libro como película) y aquí todos acabaron publicitados. El relevo lo ha tomado Pullman y su trilogía "La Materia Oscura", relativamente ignorado por el gran público hasta que una organización católica norteamericana "colaboró" con la campaña comercial de promoción de New Line Cinema. Consecuencia: más lectores. Y, aunque la recaudación de la película no haya sido nada del otro jueves, no es raro que internet permita incrementar su "clandestino" visionado fruto de la controversia que genera.

En cualquier caso, todo intento de censura literaria está abocado al fracaso. Solo hace falta decir "no hagas esto" para que no poca gente haga precisamente "eso". Las novelas de ficción no son tratados ni ensayos filosóficos, aunque haya listillos que pretendan astutamente filtrar su ideología, y vistas como tales, no deben resultar tan "peligrosas". No hace mucho, leí en un foro procristiano: "Si la fe cristiana está amenazada realmente por cuentos como El Código da Vinci o La Brújula Dorada, entonces ¿qué tipo de fe es?. El cristianismo actual tendría un serio problema interno". Y no puedo más que darle la razón. Más allá de que creer o no creer en las lecturas que no compartan o incluso contradigan lo que diga la Iglesia, se supone que la práctica religiosa es algo más que responder como autómatas en un ritual dominical o creer al pie de la letra, incluida la posición de las comas, todos los supuestos acontecimientos bíblicos habidos y por haber. En el mundo literario, tener un papel antagonista con tu nombre y apellidos acostumbra a ser incómodo e, incluso, ofensivo. Pero, igual que todo las personas de este mundo están sometidas a alguna crítica a lo largo de su vida, cada uno debe saber cómo lo encaja: ignorándolo, afligiéndose, tomando nota, corrigiéndolo... Que no se diga no significa que no piense o que algo no exista. Y haciéndolo callar lo único que conseguirá es que adquiera mayor importancia en el futuro.

La obra Fahrenheit 451 (Bradbury, 1953; Truffaut, 1966) muestra un mundo en el cúal la literatura y la lectura están prohibida. Un cuerpo policial de bomberos se encarga de buscar libros y los quema, encarcelando y reeducando al que cometa semejante osadía. La justificación no está carente de lógica: los libros instigan a la soledad, generan angustia, despierta sensaciones "impropias" y puede hacer infelices a los lectores, amen de enajenar y alienar al ser humano de la sociedad, cuyo buen funcionamento requiere de una interacción social entre individuos. No obstante, esta visión de la realidad es algo incompleta, porque la lectura también tiene efectos positivos: estimula la mente, despierta la imaginación, fomenta la creatividad y, sobretodo, incita a pensar. Eso también comporta hacerse planteamientos sobre nuestro entorno y el mundo en qué vivimos. Incluido sobre el sistema del cuál, consciente o inconscientemente, somos parte. Los que prefieren mantener un status quo porque les favorece siempre serán reacios a determinados tipos de cambios y siempre les resultará más cómodo que nadie piense en ellos. Sin embargo, las diferencias, aunque sea siempre complicadas, forman parte de la naturaleza. Dejemos que llegue lo que tenga que llegar. Y pensemos por nosotros mismos.

5 Comments:

Blogger eva said...

No crees que a veces eso de "no lean esto" o "no hagan aquello" responde más a posicionamientos de los que cortan el bacalao y de los que querrían cortar más bacalao dentro de la propia dinámica interna de la iglesia? Creo que se trata de quedar bien entre los convencidos, vamos.

Es decir, no creo que nadie sea tan tonto, y mucho menos los obispos.

16/1/08 18:33  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Yo ya no sé qué creer de estas críticas... O bien las pronuncian absolutos iletrados que no saben lo que dice o bien proceden de auténticos maestros del márketing. ¿La polémica sobre El código Da Vinci? Triste y pobre. ¿La de La Brújula Dorada? Aún más triste y aún más pobre.

Con decirte que los policías antidroga de no sé dónde van a demandar a la productora de American Gangster porque dicen que se da mala imagen de ello... Pero estos no entran en las dos categorías anteriores, no. Estos sólo quieren pasta y aprovecharse del trabajo ajeno. Aún más triste todavía.

Y sobre la Iglesia... Pues sólo decir que estoy harto de que nadie pueda tener libertad de expresión... salvo ellos. ¿Os imagináis que un representante de cualquier otro sector de la sociedad hubiera dicho que la democracia camina hacia su destrucción? De loco para arriba le habrían tachado. Y en este caso el proscrito es quien critique al cura en cuestión...

¿Pensar? Eso está pasado de moda, ¿no...?

17/1/08 18:31  
Blogger C.C.Buxter said...

Yo también pensaba que los llamamientos a no ver una película o no leer un libro eran ridículos por contraproducentes, pero últimamente no estoy tan seguro. Es cierto que "El código Da Vinci" se leyó mucho más gracias al Vaticano, pero ¿seguro que entre esos lectores había gente católica? A veces la Iglesia se dirige únicamente a sus fieles, y por raro que pueda parecernos, éstos llegan incluso a hacerle caso...

En su momento, recuerdo que en el programa de Josep Cuní montaron un debate sobre el Código Da Vinci, y una mujer afirmaba que no lo leería porque la Iglesia estaba en contra y porque "quizá si lo leo empezaré a dudar". Conozco también el caso de un chico, de poco más de veinte años, universitario, que es miembro del Opus Dei y que cumple a rajatabla la prohibición de leer ciertos libros.

Así que, en definitiva, aunque esos llamamientos a la censura resulten rentables a los "censurados", muchas veces también resultan rentables a la propia Iglesia.

19/1/08 21:00  
Blogger Tanhäuser said...

Un artículo espléndido, Reverendo. Pero vete preparando el traje ignífugo porque te van a quemar en la hoguera.
Me ha gustado mucho la frase "Si la fe cristiana está amenazada realmente por cuentos como El Código da Vinci o La Brújula Dorada, entonces ¿qué tipo de fe es?. El cristianismo actual tendría un serio problema interno". Realmente es así. Toda religión o movimiento que se base en la negación (por eliminación) de lo otro, está condenada al fracaso total.

Mira que pretender que pensemos por nosotros mismos...

Un abrazo

20/1/08 19:08  
Blogger Reverendo Pohr said...

@ Eva
No estoy tan seguro que sean gestos de cara a la galería. Todo intento de prohibición busca, en teoría, evitar un "mal" pero es un ejercicio de poder que satisface cualquier ego.Y hay que añadirle una la total creencia que esta legitimado por otro poder superior. Si lo haces creer, muchos acataran lo que digas, presumiendo que debe ser cierto.

@ Juan
Dentro de la Iglesia española hay muchos hipócritas, que abusan de esa legitimidad moral que muchos le otorgan. Apoyar un régimen
que ejecuta penas de muerte, anular matrimonios a cambio de dinero o conveniencias políticas, criticar a unos pero no hacerlo cuando otros hacen lo mismo... Estrictos para lo que quieren, flexibles cuando conviene. Muy contradictorio.

@Buxter
En EEUU, la campaña contra "La Brújula Dorada" ha tenido importantes repercusiones en la recaudación. La productora ha salido perjudicada, pero el libro, que tiene más de 10 años, ha estado en los top 10 de algunos lugares, como Latinoamérica, estas navidades. Aún así, coincido en que los llamamientos funcionan, más por miedo que por convicción. Y es una pena, porque así es difícil madurar.

Me recuerda a la Irlanda católica. El Papa dice que nada de condones; El gobierno conservador proporciona ayudas (incluso vivienda) a todas las madres sin recursos para que no aborten y así se mantenga una alta tasa de natalidad. Consecuencia: crías preñadas de 14 años y otras chavalas con bebés sin cumplir los 17. Obviamente, no es el idílico marco familiar repleto de estabilidad emocional que se pueda esperar.

@Tan
Mel Gibson (católico practicante, por lo que se dice) presentó a su Cristo en "La Pasión" como un rebelde que, a pesar de difundir un amoroso mensaje universal humanista, perecía por poner en duda los dictados de las autoridades político-morales de la época (y contra los romanos, precisamente)...

Greetings

21/1/08 15:06  

Publicar un comentario

<< Home