miércoles, mayo 28, 2008

Saitama

"Solo puede quedar uno". Así decía la máxima de la película "Los inmortales (The Highlander, 1986)" y así suele ser el planteamiento de inicio de toda competición de único ganador para todos y cada uno de sus participantes. De entrada, la victoria o triunfo es el objetivo principal. Después, a medida que se avanza por ese camino hacia la victoria, otros objetivos se van dejando ver. Algunos son simples compañeros (objetivos intermedios) de esa gran idea final que es GANAR. Otros, en cambio, pueden llegar a transformar completamente ese planteamiento inicial: dónde antes primaba el triunfo final, después parece cobrar mayor importancia lo que es el juego en si, dado que éste en si mismo reporta también, más allá del resultado final, una serie de beneficios: experiencia, sabiduría/conocimientos, deleite, diversión,... Sin embargo, eso es algo que depende de cómo lo vea un participante en cuestión.


Como ejemplo de competición, me llamó mucho la atención la que se refleja en "El método" (Marcelo Piñeyro, 2005). En este filme, siete aspirantes a un puesto de trabajo han de enfrentarse entre sí en un peculiar proceso de selección laboral basado en el enigmático "Método Gronholm". Los responsables del proceso, en este caso dos psicólogos (uno de ellos "infliltrado" como supuesto aspirante), lo organizan de tal manera que, de hecho, ni eligen ni rechazan a nadie: lo dejan en manos de los propios competidores que, a través de su interacción y su propia interpretación de las normas enunciadas, van abandonando el proceso de selección cuando se les ha dejado en evidencia (como candidato no-apto) después de cada prueba. Es decir, las decisiones la toman de facto los propios participantes en general y la ejecución la lleva a cabo cada participante en particular. Resulta curioso tratándose de una "Competición de Todos contra Todos".

En nuestra gloriosa especie humana, la lucha de "Todos contra Todos" en constante estado de guerra, siempre ha sido lo más natural del mundo . Así lo creía el filósofo británico Thomas Hobbes, que ya nos deleitó hace unos 400 años sobre las vicisitudes del Estado de Naturaleza humana. Dos son las motivaciones que justifican la existencia de los seres humanos: su lucha por los recursos y, sobretodo, su propia supervivencia. Y eso enfrenta a cada persona con sus congéneres. Sin embargo, como esa lucha podría poner en peligro a la humanidad como especie, se establecen sistemas o regímenes políticos a nivel colectivo, dirigidos a garantizar a esa supervivencia al mayor número de individuos posible.


Como, cubriendo las contingencias, la vida se vuelve aburrida, al final nos da por volver al Estado de Naturaleza hobbesiano. Así se recuperan alicientes. Además, los juegos darwinistas son realmente complejamente cachondos. El vencedor no ha de ser necesariamente el mejor y más capacitado para el puesto de trabajo. Bueno, ni siquiera ha de ser el más fuerte a nivel individual. En primer lugar, pueden surgir posibles "alianzas" entre rivales más débiles; En segundo lugar, un participante ha de ser consciente de la temporalidad de esas mismas alianzas, que no deberían basarse simplemente en simpatías o afinidad, porque se podría generar un vínculo emocional que puede complicar mucho la resolución del dilema que posteriormente se planteará: tarde o temprano, tocará elegir entre uno mismo y la otra persona; Y en tercer lugar, cada participante debe tener claro en cada momento qué es lo que pretende con su participación. Sinó, corre el riesgo de acabar seriamente tocado psicológicamente en una competición de este calibre, en la cuál se ve lo bueno y lo no tan bueno de uno mismo y de otras personas.

Algunos dirán que la clave del éxito en este tipo de competiciones es la inteligencia emocional ; Otros, el ser "cabrón"; También se puede hablar de madurez o de experiencia. Pero, sinceramente creo que, mientras la gente vive la competición desde dentro y se hace planteamientos hipotéticos desde fuera, realmente es el organizador el que está disfrutando como un loco.

4 Comments:

Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Justo esa es la conclusión que saco yo... Mientras los aspirantes se pegan entre sí, el que se lo pasa pipa es el organizador. Y así nos va, claro, el que tiene el poder lo mantiene y lo aumenta, mientras que el que está abajo en la escala de la vida real sigue tan o más abajo que antes de empezar. Qué mal montado está todo...

30/6/08 15:46  
Blogger C.C.Buxter said...

Una de las preguntas que podríamos hacernos es: ¿por qué aceptar las reglas que nos impone el "organizador"? De los viejos recuerdos que me quedan de mis clases de teoría del Derecho, está el de un tal Austin, que señalaba que una de las características del Derecho es que es aceptado, explícita o implícitamente, por las personas sujetas a él, y que si no fuese así, ni siquiera en supuestos extremos (como podría ser una dictadura) podría pervivir.

La gran ventaja con la que cuenta ese "organizador", claro, es que siempre va a haber alguien dispuesto a aceptar sus condiciones, por muy vejatorias, humillantes o abusivas que sean.

1/7/08 11:53  
Blogger Reverendo Pohr said...

Bueno, hay quién piensa que nos ha educado precisamente para ser parte de una estructura organizada, más o menos, y para que actuemos de acorde a esta programación educacional. ¿bien o mal montado? LLega un momento que necesitamos (o creemos necesitar) vivir siguiendo unos patrones normativos. ¿cuanta gente conoceis que crean que eso, de ser cierto, "no es tan malo"?

Como diría el señor Lars Von Trier, tan "amigo" de Buxter, "es más cómodo que te digan qué hacer que pensarlo tú mismo, intentar ejecutarlo y ver lo difícil que es llevarlo a cabo". Pero, eih, tenemos posibilidad de elegir!

4/7/08 13:35  
Blogger C.C.Buxter said...

Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con mi querido Lars Von Trier: no sólo es más fácil limitarse a hacer lo que te dice el jefe, sino que además tienes la reconfortante posibilidad de, si algo sale mal, echarle a él la culpa.

6/7/08 20:36  

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