viernes, mayo 16, 2008

Espectácular carrera sin carros

En el circuito de Montmeló, alias "Circuit de Catalunya", te cobran 110 € por seguir a ras de hierba el Gran Premio de España de Formula Uno. Pero por un precio mucho más módico, lo que cuesta un billete de metro, puedes presenciar una inigualable competición sin parangón alguno en el mundo: la salida del metro de Sants Estació, Barcelona. No llega a la altura de la carrera de cuádrigas de Ben-Hur aunque detecto cierto aire de semejanza. La hora punta del metro y el tumulto que se junta a la hora de salir son el escenario perfecto para ello, una carrera que, en mi opinión, supera con creces a la Cursa El Corte Inglés. ¿No os lo creeis?

Las puertas del vagón están a punto de abrirse. Los participantes, forjados en la competitividad del día a día, se aglutinan prestos para la salida. El tren se detiene, se abren las puertas y comienza el espectáculo. El primer obstáculo son los próximos pasajeros del metro, muchos de los cuáles no pueden dominar su pasión desenfrenada por entrar en primer lugar y lanzarse como jabatos sobre el primer atisbo de asiento a la vista que se pueda presenciar. Al estilo "Hicham El Guerrouj ", se despliegan los codos y se gana la posición a base de hombro, obteniendo un puesto adecuado en la "Recta del Andén" de cara a atacar la primera curva de izquierda, justo en la salida. El trazado perfecto es cogerla por su ángulo corto, pero se corre el riesgo de toparse con más obstáculos en forma de viajeros de metro. Si no eres lo suficientemente rápido, en la siguiente curva cerrada a la derecha puedes encontrarte sin opción de adelantamiento.

El frenesí va en augmento. Espectácular cierre en ese giro a la derecha, que deja frustrado al competidor que intentaba penetrar entre la multitud y la barandilla. Una señora de considerable edad se agarra con fuerza y decisión a ésta última, dispuesta a no ser humillantemente adelantada por su derecha. Unas amenazadoras presencias por detrás pone en aprietos a un hombre de mediana edad que, en la subida del primer tanteo de escaleras, intenta tapar a sus dos perseguidores más inmediatos, hambrientos por llegar al primer descansillo en una situación más privilegiada. Mientras, otro intento de adelantamiento por la zurda queda en agua de borrajas ante la presencia de un grupo de cuatro personas en sentido contrario, que obligan al ambicioso adelantante a pegarse a la pared lateral izquierda sin posibilidad de aceleración. Sin consideración alguna, los primeros de la carrera, la Teté de la Course, incrementan el ritmo, que ya alcanza velocidades vertiginosas. Hasta que un joven tropieza en la segunda tanda de escalones, para desesperación del corredor que iba justa detrás de él, que observa sufridamente como el resto del pelotón esquiva al desasistido torpe y, de paso, les adelantan a ambos sin compasión alguna.

Como espermatozoides directos al óvulo, los primeros clasificados se aproximan a las tres puertas de salida que les esperan con aire de triunfo. Preparan su mano izquierda para abrirlas con la mayor celeridad posible y así firmar su paso hacia la gloria, aunque los más machotes y machotas son capaces de abrirlas con ese do de cadera que la divinidad les ha otorgado (sin reparar que golpeando la puerta metálica, ésta rebota y vuelve a cierta velocidad a su posición inicial para alegría del que va detrás... o del siguiente, porque, de tanto en tanto, el sagaz de turno atraviesa la salida esquivando la puerta para digestión de su perseguidor). Y por fin, tras tan titánica lucha, se llega al exterior de la zona de taquillas. Ohhhhh! Los vitores del público se mezclan con el ruido del entorno. Aún así, ¡Qué satisfacción!!! ¡Qué júbilo!!! Ahora, con más tranquilidad, otra carrerita por obtener un puesto de honor en las escaleras mecánicas...

Ciertamente he exagerado ligeramente la historia. Sin embargo, a primeras horas de la mañana, todavía algo presos por el sueño, resulta mejor verlo de esta manera, con tan comédica ridiculez, que ponerse de mal humor con tanta exacerbación de la mala educación y acento de malas maneras (si bien sirva de atenuante de que, a primera hora, todavía estamos algo dormidos). A veces, mirad que llegamos (eih, yo también compito) a ser bastante absurdos. En fin. Ahora que ya estamos fuera, voy a preguntarle al chaval que se ha comido el escalón si se encuentra bien.

5 Comments:

Blogger C.C.Buxter said...

Justo me pongo a mirar cosas del retraso de la Renfe de hoy y me encuentro esto... ¡ya sé lo que me espera esta tarde!

Has exagerado algo, pero tampoco mucho. Yo lo he olvidado un poco porque ya no madrugo para coger el metro, pero en mi época de la universidad era algo increíble: las abuelas tenían un juego de codos que ni Fernando Redondo (no es por nada, pero me han dicho que los sudamericanos se han incorporado como una gran revelación en esto de buscar asiento al precio que sea). En la estación de Fondo, que es la última de la línea roja, se añadía, además, el rencor hacia algunos pasajeros que venían de la de Santa Coloma y, sin embargo, no se bajaban: habían madrugado diez minutos antes para hacer dos paradas de más, pero cómodamente sentados.

Es en momentos como estos (a los que hay que añadir también los "autobuses lanzadera" en caso de obras en el metro) cuando uno se da cuenta de que, en caso de vida o muerte, el ser humano puede llegar a lo que sea: si por un asiento pierden toda la educación y el respeto por los demás, qué no serían capaces de hacer...

26/5/08 11:38  
Blogger el_situacionista said...

¡Menudo espectáculo! ¿Y sólo por un euro? Tú dales ideas que te lo suben por culpa del espectáculo.

26/5/08 20:27  
Blogger Nieves Cubero said...

Estimado Reverendo,

Hace tiempo que no tengo ocasión de usar los transportes públicos, trabajar cerca de casa tiene que tener algo positivo siempre.
Pero me has hecho recordar con nostalgia esos viejos tiempos en los que me dejaba arrastrar por la marabunta del trasbordo de Sants Estació, de la línea 5 a la línea 3. Pero en esta magnífica descripción de lo absurdo del hormiguismo humano, he echado en falta otro factor igual de importante, si cabe, al del apretamiento, que es: los usos de olores químicos matutinos. La destreza de aquel o aquella, que simplemente, levantando su brazo, es capaz de alejar a todo lo que se acerque y obtener un asiento en esa hora punta. Por eso yo te pido, amigo reverendo que nos dediques una segunda parte de esta espectacular carrera.

Un abrazo,

28/5/08 15:42  
Blogger Miroslav Panciutti said...

Estupenda descripción (apenas exagerada) que, como a nieves cubero, me ha recordado épocas ya remotas que, si bien transcurrieron en otra ciudad (Madrid), estaban preñadas de escenas similares, si no idénticas, a las barcelonesas. Sigo siendo usuario del transporte público, pero no del metro (en esta ciudad no lo hay) el cual sólo uso en mis viajes a la capital del reino (y menos en mis visitas a la catalana); pero ya no es lo mismo, seguramente porque esquivo las horas punta.

28/5/08 16:44  
Blogger Reverendo Pohr said...

Habrá una segunda parte... el día a día da para mucho más de lo que nos damos cuenta.

31/5/08 19:54  

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