jueves, febrero 21, 2008

Desméritocracia

"En el reino de los ciegos, el tuerto es el rey”

Dicen que a principios de la década de los 60, el fútbol pasó de ser un juego en el que había que marcar un tanto más que el rival a convertirse a en uno en el que había que encajar uno menos. Poco importaba lo que pudieran opinar los grandísimos puristas: una vez más un espíritu había mutado cual microorganismo orgánico, una finalidad volvía a ejercer capitanía sobre sus propios medios de obtención y un resultado acababa por esclavizar a su propio proceso de elaboración. O lo que viene a ser lo mismo: Maquiavelo entendía de fútbol y fue su profeta; el fin, que es ganar, siempre acaba justificando los medios. Que se entere todo el mundo. Lo único que importa es el resultado. Y, ciertamente,ya es casualidad que una filosofía semejante fuera propia de un italiano (sin generalizar).

La concepción conservadora de este juego en equipo se extiende como en otros tantos ámbitos de la vida misma: ya no es cuestión de preocuparse por ganar, sinó de preocuparse en no perder; El objetivo de ser bueno se aparca para conformarse con simplemente no ser malo; El esfuerzo no tiene porqué concentrarse exclusivamente en ser mejor, ya que resulta más conveniente no ser peor. No se trata de transmitir algo, sinó de no quedar mal. La cuestión, traducida a diferentes aspectos de la via, es obtener el triunfo, la victoria, el reconocimiento, el éxito, la manifestación de una superioridad. Estar encima y que otro esté debajo. Que más da si no compites por ser mejor. Mientras los otros tampoco lo consigan...

Recuerdo una clase de Teoría política en la que se hablaba de la Meritocracia. ¡Menuda palabrota! El poder para los que acumularan más méritos, aquellos más inteligentes y esforzados. Defendida, siglos ha, por el historiador griego Tucídides en sus arengas en favor de la democracia ateniense. Así les fue en la Guerra del peloponeso: mucha meritocracia y, al final, acabaron derrotados por los aristócraticos y elitistas espartanos. Aunque eso no quita que, siglos después, esto del meritaje se convirtiera en uno de los principios básicos de la burocracia moderna. ¡Que derroche de igualdad de oportunidades!!. Menos mal que las administraciones públicas de occidente prestas están para destilar meritocracia por doquier y, de esta manera, mantener el legado de la Helade en materia de justicia igualitaria. ¡Que gane el mejor! Redios! Como diría un elucubrante: "se nota quién inventó los juegos olímpicos". Ya es casualidad que una filosofía semejante fuera propia de un griego.

Lamentablemente, tanta nobleza (no lo digo en términos aristocráticos) tiene unas pájaras descomunales en las aplicaciones cuotidianas diarias. Dicen que es el carácter latino o la cultura. A saber. Ya no es solo que, recuperando el frikisímil del principio, un equipo de fútbol pretenda vencer sin hacer todos los méritos posibles y simplemente se quede esperando el error del rival. Nuestra política también nos ha demostrado que lo importante no es defender lo bueno que es uno. ¡Que va! Eso es vanidad. Lo que toca hacer es reivindicar lo malo que es el otro. Eh! Siempre desde la modesta opinión, en nombre de la moralidad y los buenos haceres. Eso, ante todo.

- ¿Cómo ha ido el debate?
- Le hemos puesto contra las cuerdas, se ha puesto nervioso, ha mentido, ha dicho tonterías y no ha aportado nada nuevo.
- Bueno, ¿Y qué puede decir de su candidato?
- Ha estado espléndido, no como el otro, que ha sido mezquino y cobarde y....


Que nadie se piense que es exclusivo de los políticos, a pesar del excelente ejemplo que encontramos con algunos tertulianos mediáticos y sus humildes opiniones. En lugar de destacar las virtudes de su favorito, mejor prestarse a criticar y exaltar los defectos del rival. Qué espléndida y noble costumbre es recalcar los defectos ajenos. De tal palo tal astilla. En el mundo laboral, ¿Por qué será que los que están a la cola del Ranking al Stajonivista del mes son los primeros que dicen: “¿Este? No da ni chapa en todo el día” . Menos mal que está ahí para dar ejemplo. Luego, al más puro estilo murphylógico: “Si tu trabajo no está a gran nivel y no lo puedes justificar debidamente, centraté en bajar el nivel del trabajo del otro”. ¿Qué estudiante no ha sacado un 1,5 en un examen y se consolaba publicitando y anunciando a todo el mundo que “tal” había sacado menos que él?


En cada conversación con la indignación manifiesta se repite la misma frase: “Hablan siempre los primeros que deberían callar”. Sí, debe ser un “complejo de mediocridad”, que consciente o insconscientemente aparece radiante cuando vemos en los demás algo malo que nos recuerda a nosostros mismos. Esa fijación por los defectos: ¿no nos recordarán los de alguien muy muy familiar?. No podemos reprimir ese tirito de envidia. Igual nos sirve de consuelo de que sea un complejo que afecta a la gran mayoría. Hay que asumirlo con naturalidad. Porque... acaso no pensareis arrogantemente que no lo sois, ¿verdad?...

Pobre Tucídides. Aparte de tener nombre de enfermedad contagiosa, su filosofía halló su propio anticristo. Tanto valorar en virtud del mérito y al final la desméritocracia se hace hueco en los corazones de tantos humanos y humanas en y allende Atenas. Era de imaginar: en el fondo, ¡¡¡la culpa la tienen los espartanos!!!

2 Comments:

Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Pues sí, uno de los males de nuestra sociedad es este... Qué más da hacer bien las cosas, lo que importa es que el de al lado o el de enfrente las haga peor que yo... Qué triste...

13/3/08 22:32  
Blogger C.C.Buxter said...

Tu referencia al estudiante que suspende me ha recordado a una historia REAL COMO LA VIDA MISMA, aunque no me sucedió a mí.

Un amigo mío, licenciado en periodismo, me contó que en su clase, según cuál fuese la asignatura, intentaban convencer a los que normalmente sacaban mejores notas "para que no se esforzasen demasiado". Según me contaba él, intentado justificar lo que a mí me escandalizaba, si las notas se ponen teniendo en cuenta el nivel general de todos los alumnos, al que tiene un nivel pongamos de 10, le da igual hacer un examen de 7 o de 8 si sabe que los demás lo van a hacer de 3, porque como va a ser el mejor, se va a llevar la mejor nota.

La Universidad, ese centro de la cultura y el saber.

20/3/08 18:12  

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