miércoles, abril 30, 2008

Venus, Real fictionality show

La vi llorar. Aquellos preciosos ojos azules bajo aquellas estilizadas cejas negras estaban repletos de lagrimas. La jovialidad y alegría que transmite la joyería sevillana se presentaba completamente quebrantada. La acaobada belleza, mancillada por la tristeza y la frustración. Aquella lejana e ignota hermosura se manifestaba desde su cara más humana, la del ser vulnerable al descubierto. La de un ser subyugado, maestro que padece sus lecciones, por sus sufridos sentimientos de impotencia. Y me entró una congoja terrible. Mi respiración se entrecortó y el corazón se agolpaba rugiente dentro del pecho.

Le hubiera transmitido miles de mensajes de ánimo y consuelo. La hubiese abrazado y le habría dicho "tranquila, no pasa nada. Todo saldrá bien". Habría llamado a ese magestuoso y bello portal del alma que bordean sus pupilas y habría limpiado hasta el último resquicio de agua amarga escondido bajo los groznes de las puertas. Hubiera sacado el extandarte de una completa abnegación trenzada desde lo más profundo de mi espíritu. Cualquier cosa, que mi imaginación pudiera generar para impedir ese fluir de lagrimas. Pero nada de eso es posible. Nada. Porque en medio existe todo un mundo, un abismo infinito e insondable: una pantalla catódica. Con todo lo que eso implica para mí en términos de realidad. No es poco.

"¡Qué imbecilidad!", puede pensarse. ¡Qué enajenación mental!. O ¡Qué falta del sentido de la realidad!. Un lapsus mental entre esa realidad que compartimos y ese simulacro de realidad que todos conocemos. La gran mayoría de las personas creen conocer perfectamente dónde está el límite de la realidad y dónde la ficción deja atrás esa frontera. Puede parecer absurdo: uno mira a su alrededor y cree que existe mucha, quizá demasiada, gente que se implica emocionalmente con lo que ve por televisión. Es algo que se asume con normalidad porque es algo bastante generalizado. Sin embargo, todos los que están a mi alrededor lo afirman (o lo niegan) con rotundidad: "Realmente no me importa. Realmente no afecta a mi vida. Realmente me doy cuenta de que casi todo lo que sale por televisión no es verdad. Realmente distingo la realidad en la que vivo". Aunque claro, luego el Barça cae eliminado de la Champions y hay quien no cena; Y también el que llega al trabajo con una resaca de caballo porque el Madrid ha ganado la Liga de Fútbol y eso le ha supuesto una alegría enorme digna de celebración. Podemos vivir absorbidos por la televisión. Pero solo hasta cierto punto.

De ahí a quedarse prendado por un personaje televisivo.... Uno se lo dice a si mismo. Es un producto de marketing mediático. No es lo que parece. Solo nos muestran lo que a unos señores les interesa. En resumen: no es real. Solo una apariencia de realidad, una ilusión, sombras dentro de la caverna. Un reclamo para que la gente interactúe en un concurso, gaste dinero en mensajes favoritistas y la audiencia genere más ingresos. Un engañabobos, vaya. La puesta en práctica de las estrategias de mercado. Una imagen, bien presentada, bien vendida. Y cientos e incluso miles de personas anónimas admirándolos, deseándolos y, en cierto sentido, compartiéndolos. De pequeños, casi todos nos hemos "enamorado" de nuestros heroes y heroinas, personajes comunes o extraordinarios aparecidos en cómics o en séries de televisión. Pero, al cabo de un tiempo, hemos vuelto a esa realidad cuotidiana, aquella en dónde cada uno está donde le corresponde, en progresiva retirada "militar" de aquella inocentona ilusión, aquella "guerra" emocional que por naturaleza estábamos predestinados a perder.

No me importa. Lo cortés no quita lo valiente. Y antes de enfilar esa "retirada" a la realidad cuotidiana, no puedo más que reconocer y aceptar ese amor platónico por esa muchacha a la que, en probabilidad besando el uno, nunca conoceré en persona, aunque ahora esté a menos de 20 km. de dónde estoy. Y lo que es peor: ella nunca sospechará siquiera mi existencia. Soy un número perdido más dentro de tantos y tantos anónimos igual de implicados emocionalmente (bueno, de hecho, por no tener no tengo ni número). Un sudoku entre miles y miles de sudokus, reacio a los frikismos fanáticos.

Y sin embargo, a título de hoy, ella encabeza la lista de las mayores hermosuras que mis ojos han visto recientemente, puesto que cumple ese cánon de belleza que tanto me cautiva (morena de ojos azules). Una digna musa a la que venerar desde la tierra, puesto que mi pecado es, al igual que Calamaro, ser demasiado sensible a la belleza y socio de la soledad.


"Ah! Eres tan joven... para las cosas de la vida" - Le espetaba su director. Y para mí bella, como ella misma.

9 Comments:

Blogger eva said...

La gran mayoría de las personas creen conocer perfectamente dónde está el límite de la realidad y dónde la ficción deja atrás esa frontera. ¡Pues malditos todos ellos!

Enamórate de tu musa, de una puesta de sol, de Marilyn, de una flor marchita o de un poema que no sabes de quién es. Yo reivindico la difuminación de este límite entre la realidad y la ficción. Como Campanilla: ¿Conoces ese espacio entre un sueño y la vigilia? ¿Ese lugar en el que aún recuerdas los sueños? Allí es donde siempre te esperaré, Peter Pan.

Besos.

7/5/08 10:37  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Pues qué quieres que te diga, a mí me parece una sensación maravillosa. Yo sufro con mi equipo de fútbol, me enamoro de mujeres que sólo veo en la gran y pequeña pantalla), lloro cuando leo una historia emocionante y muchas cosas por el estilo. ¿Realidad? ¿Ficción? ¡Qué más da...! Lo importante es sentir.

Pero me dejas esa espinita clavada de no saber a quién te refieres...

7/5/08 12:53  
Anonymous Insumisa said...

Amén
Tu post es casi casi mío ;·)
(emocionalmente, claro)
Un saludo

7/5/08 16:37  
Anonymous il Professore said...

Después de tantas horas de docencia de filosofía, no me atrevo a filosofar. Me pierdo en algunos referentes literarios que utilizas en tu texto, parece que tienes miedo a los nombres/personas y por eso utilizas una retahíla de adjetivos, ¿hay miedo a la realidad como es? Nunca me han gustado los adjetivos, pues hacen perder la esencia de las cosas.

Para mí la realidad es pragmatismo y la ficción es realidad que anida en el pensamiento. Pero es difícil hablar de una u otra, y sobretodo en algún caso tomar partido. Creo que yo me he decidido por el pragmatismo y tu por la realidad de la ficción. No sé quien ganará en este partido sin árbitros, tendremos que buscar un jugador que decante el partido, pero que no sea Ronaldo, pues ojo con sus amig@s.

Un abrazo,

9/5/08 10:33  
Anonymous Anónimo said...

Lo pones un poco chungo, estas hablando de Virginia Maestro de OT?

9/5/08 15:07  
Blogger C.C.Buxter said...

Vaya, no estamos acostumbrados a encontrar entradas de este tipo por estos lugares, reverendo; me has sorprendido (y emocionado).

Yo no soy muy enamoradizo, pero alguna vez me ha pasado. Recuerdo especialmente cómo me encapriché de una gimnasta estadounidense que compitió en Atlanta 96: me tragué todos los ejercicios de las bolas y las cintas (ojo a mi dominio del lenguaje técnico de la gimnasia artística) sólo por verla a ella. Ya más reciente y cinematográficamente, Gilda (que no Rita Hayworth) me subyugó, aunque no era una mujer hecha para mí; sí lo era la señorita Kubelik (y Shirley MacLaine) en "El apartamento"; y es que, en el fondo, me gustaría ser realmente el oficinista Baxter, a la que cada mañana espera una hermosa ascensorista que le ha de llevar a la planta 19...

11/5/08 10:07  
Blogger Reverendo Pohr said...

Me gusta lo que comentas, Eva. Esa maravillosa caida por la "madriguera" de conejos, donde la realidad, al estilo Terry Gilliam, se muestra con multiplicidad. Y adorar a las hijas de Orfeo es un fin en si mismo, sin esperar resultados.

Cuanta razón tienes, Juan. Sentir es vivir. Una visión romántica de la vida puede parecer estúpida, pero sienta de bien... sin horarios, ni calendarios, programas o temporalización alguna. Sin razón.

Insumisa, ya sabes lo grande que es saber que no estamos solos. Escuchemos lo que nos están diciendo.

Professore, no solo los adjetivos hacen perder esencias. Todas las palabras lo hacen! Siempre se pierde algo. Y definir la realidad con palabras me parece un pecado y una simplicación impropia de nuestra inteligencia.

Que irónico que, en un juego sin nombres, un anonimo se lance con un nombre propio!!!

Buxter, siempre has tenido talento para grandes descubrimientos. Aunque veo que Shirley es tu gran amor platónico!! Tal vez debió bailar la Macarena con el equipo estadounidense de gimnasia cuando ganaron el oro en Atlanta. Hubiese sido una emoción muy fuerte. jeje. Celebro que compartas también algo tuyo.

Una pariente muy especial me hizo llegar hace poco una frase que volví a escuchar en "Elegy", de Isabel Coixet (muy recomendable para este tema):

"La belleza no está en las cosas, sino en los ojos de quién las mira".

Y lo más extraordinario no es ni Max Factor ni el pelo alisado.

12/5/08 17:39  
Blogger Ruben said...

Dios Reverendo!!!! llegué tarde...ando algo colgado...pero que bueno el post del Cesar...je je je

Al Cesar lo que es del Cesar....

14/5/08 21:58  
Blogger C.C.Buxter said...

Sin duda, lo es. Eso sí, se me olvidó mencionar a Paula Vázquez y su Euromillón!!

18/5/08 11:01  

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