viernes, abril 18, 2008

Todos semos jurado

Debe ser que todavía sigo traumatizado por mi experiencia como jurado (ver El Caso Vázquez). Cada vez que aparece uno por televisión, se me ponen los pelos de punta. Me cuesta verlos como personas normales. Lo más preocupante es que, por ser, son precisamente lo más normal del mundo, esa representación del paradigma social en el que nos movemos. El mismo que no podemos evitar criticar cuando lo vemos desde fuera y que no podemos evitar justificar cuando lo vivimos desde dentro.

Recuerdo una aparición televisiva de la nadadora (de sincronización) Gemma Mengual tras la final de Natación Sincronizada de las Olimpiadas de Atenas (2004). Los resultados relegaban al equipo español a la cuarta plaza (el verdadero primero de los "perdedores) y la rabia se manifestaba en un grito al cielo de denuncia ante la evidente parcialidad por parte de los jueces. En fin, solo porque entre los miembros del tribunal había representantes de países que ni siquiera saben que la natación se puede sincronizar. Es para imaginarse la escena: la juez de Noruega le preguntaba a su homóloga egipcia si sabe cómo se valora a las nadadoras. "No tengo experiencia, pero me guiaré por el país al que pertenezcan...". Lo más normal del mundo. Sin embargo, la comentarista de TVE estuvo a punto de explotar: "¡¡¡¡ ¿5,4? !!! ¡Pero se puede saber que sabe esta mujer si Egipto no tiene ni equipo de natación!!!!.

Malos recuerdos nos trae este país. El polémico arbitraje de El-Gandhour en el mundial de fútbol de Corea-Japón (2002), en el que la selección española quedó eliminada por la selección anfitriona, Corea, aún nos maltrata en el recuerdo. ¿Será porque los jueces de línea pertenecían a dos países con tanta tradición en este mundillo como son Uganda y Trinidad y Tobago? ¿O porque el seleccionador español, Jose Antonio Camacho, les faltó al respeto en los descansos, cosa que propició que estos dos grandes profesionales, algo heridos en su orgullo, levantaran en banderín cada vez que un jugador español se acercara al balón?. Lo más normal del mundo. "Las deficiencias en la objetividad la inventaron en el primer mundo, oiga".

No faltan otros ejemplos de normalidad. La televisión nos ha reportado otra manifestación humana de terror juradil como es el publicista musical Risto Mejide. Licenciado y masterizado en ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas), en la que ejerce de profesor, su catódica fama se ha forjado por su políticamente incorrecta incontinencia verbal como miembro del jurado del programa musical Operación Triunfo. Se expresa como le viene en gana, impropia de una persona de su curriculum, y su crueldad en la crítica llega a ser bárbara. No obstante, su figura incluso despierta simpatía, puesto que expresa con "sinceridad" aquello que muchos telespectadores les gustaría decir y no deberían o no se atreverían a decir. ¡¡Hay que llamar las cosas por su nombre!!! ¡¡El darwinismo musical en nuestro mundo es mucho más exigente y menos compasivo!! Y además les regalan un coche.


... pasando por alto que, bajo la aparente presentación de espectáculo, son personas las que son valoradas (y las que valoran). Capacidad técnica para evaluar algo en concreto la tiene poca gente. Pero qué poco cuesta convertir esa potestad en patrimonio público.

Realmente ser jurado o evaluador de algo, es cosa harto compleja. ¿Se llega a ejercer siempre con la totalidad de aptitudes "técnicas"? ¿es tan fàcil ser objetivamente objetivo? ¿No es lógico ser subjetivo cuando el resto también lo es? ¿Se es consciente de la responsabilidad que ello conlleva cuando se realiza?. Como diría Felix Rodríguez de la Fuente: "Amigos míos, la naturaleza prosigue con su evolución". Nos gusta ser jurados. Aún cuando sabemos que no somos , ni mucho menos, perfectos.

4 Comments:

Blogger Kalar said...

See Please Here

30/4/08 14:48  
Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Está claro que todos disfrutamos siendo jurados. Si no, no habría 40millones de seleccionadores...

No deja de ser curioso que sea a los jueces (de los tribunales de justicia, se entiende) a quienes más puedo respetar (en genérico; en específico hay cada uno...) de entre este colectivo.

Los árbitros forman parte de mis pesadillas más horrendas, por vanagloriarse de su nula preparación para ser jueces. Y lo de Risto no tiene nombre. Jurado, sí. Maleducado, también. La subjetividad es inevitable, y más en el campo de las artes, pero de ahí a perder las formas...

Siempre he creído que la mejor base para ser juez o jurado es la de ponerse en la piel del juzgado. O, mejor aún, la de suponer que uno también puede ser juzgado en otro momento. La misma profesionalidad y amabalidad que quisiera para mí es la que intento desplegar con los demás. Una máxima que casi nadie sigue, por cierto. Lástima.

2/5/08 12:57  
Blogger C.C.Buxter said...

Ah, de nuevo El-Gandhour... ya lo había conseguido borrar de mi memoria, y vuelves a sacarlo a colación... ¿Se sabe si se ha vacunado contra la garrapata austríaca?

No creas, no a todo el mundo le gusta juzgar a los demás. Una amiga mía, abogada, una vez me dijo que ella sería incapaz de ser juez, porque los acusados le darían pena y al final los dejaría en libertad (incluso me dijo que le daría cosa condenar a un empresario a pagar una multa, lo cual yo no me había planteado en mi vida... ¿a quién le duele hacerle pagar al jefe?). Luego los hay que no se atreven a juzgar (que, en el fondo, es elegir) si tienen que hacerlo con una persona conocida: criticar a "la gente" es fácil, pero no lo es tanto si esa gente tiene nombre y apellidos conocidos...

3/5/08 0:56  
Blogger Reverendo Pohr said...

Una palabra para denominar esa base: empatía. Ser capaz de ponerse en la piel del otro y comprenderlo. A partir de ahí, cada uno según sus principios.El caso de Risto es diferente: él es otro producto de OT. Se entrevé como un especie de Deckard en "Blade Runner": un replicante que caza replicantes.

No te preocupes, Buxter. El Gandhour se retiró y ahora es presentador de un programa televisivo que repasa las jugadas polémicas con moviola (sic). Por otro lado tu amiga es admirable: es lo suficientemente humilde para asumir que como juez le sobrepasaría la responsabilidad. Por eso no es juez. No obstante, en la vida hay que asumir responsabilidades y tampoco puedes ser demasiado compasivo porque otros (si no uno mismo también) pueden sufrir las consecuencias. Hay quien hace de la compasión ajena una forma de vivir...

5/5/08 12:10  

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