martes, mayo 20, 2008

La fuga de Slogan

Me levanto por la mañana y pienso: "Otro día más". Se está cumpliendo la rutina cuotidiana, ese día a día tan poco diferente a lo que fueron los días pasados. Me digo a mismo "vamos a intentar que hoy sea especial". No sé del todo bien cómo, sin que eso me desanime. Sé que eso de repetirse consignas a si mismo es un poco ridículo, como todo lo que se dice uno mismo. Parece que debas estar recordándote constantemente quién eres, al igual que aquellos que se repasan una y otra vez los tatuajes que llevan en la piel. Puedes pensar que es una tontería, aunque quizá lo más inteligente sería pensar que, simplemente, no es importante.

Lemas. Te los repites otra vez y otra. Lo que algunos psicólogos llaman "ruidos interiores": "Debo ser fuerte", "tengo que luchar", "he de esforzarme". Temes que, de no hacerlo, seas víctima de tus propias debilidades o que te puedas derrumbar a lo largo del día. El lento derretir del helado ante un sol radiante o el reblandecimiento del barro ante una corriente de agua. Sin embargo, desde el momento que sales a la calle, ojeas el diario o te posas junto a cualquier mampara publicitaria, comienza tu exposición a muchos más esloganes reivindicantes sobre tu persona. Alguien más, aparte, espera algo de ti. Desde incitarte a consumir a entregarte las herramientas de percepción programada de la realidad por el bien de tu integración dentro de ese tipo de sociedad. Eslóganes y más eslóganes, prestos a dirigir tu mente hacia dónde convenga colectivamente. No importa que te percates de su existencia, ya que es como creer en la existencia de fantasmas sin que ello te impida convivir con ellos. Es más, incluso puedes llegar a convencerte que nadie te impide rechazar este esloganismo (y, como los lemas y consignas, su correspondiente tendencia a reducir a unas pocas palabras determinados mensajes de mayor calado, al precio de una enorme pérdida de información y otros elementos inmateriales).

Sin embargo, cuando caminas por la calle ante el incesante bombardeo de mensajes, mantenerse al margen de ello parece ser una tarea que requiere innombrables esfuerzos. Puedes agachar la cabeza, centrarte en escuchar solo los sonidos del entorno, mantener la mente en blanco o probar con un montón de "mecanismo defensivos" que se te ocurran en algún momento; pero lo cierto es que , cuando te has acostumbrado a determinadas cosas, se hace bastante difícil dejarlas de lado. Nuestra naturaleza biológica tiene tendencia a la hábito y a la adicción. Y desengancharse de tanto eslogan y tanto mensaje tendencioso requiere demasiado trabajo, amen de la falta de garantías de que aquello valga la pena. Como un fumador intentando dejar de fumar. Requiere mucha fuerza de voluntad.

¿Sabeis qué es lo más curioso de todo? Este tema fue el centro de una filosófica conversación que tuve con unos amigos mientras veíamos, con la espléndida y afectuosa compañía de unas cervezas, la prórroga de la final de Champions League entre Manchester y Chelsea. Costará mucho de creer, pero esto confirma una de mis extravantes teorías: el fútbol es una fuente de inspiración para la filosofía (y no solo la económica).
Ummm... me pregunto qué opinaría el escocés David Hume sobre penalty de John Terry.

PD: Impossible is nothing

1 Comments:

Blogger C.C.Buxter said...

A mí no me extraña que esta refelxión te surgiese al hilo de un partido de fútbol, no sólo porque el fútbol (como cualquier deporte) puede servir de metáfora de la vida, sino porque es el lugar ideal para la publicidad: creo que no hay otro momento del día en el que, en menos espacio, haya más publicidad. Desde la publicidad estática, a la sobreimpresionada en la pantalla del televisor, pasando por el atuendo de futbolistas y árbitros (camisetas, pantalones, botas, cintas de pelo, muñequeras) todo son impactos publicitarios.

No creo mucho ni en los lemas de autoayuda ni en los de publicidad. De hecho, no soy un modelo a seguir por nuestra sociedad consumista: ir de tiendas me incomoda, no tengo fascinación por los nuevos inventos electrónicos, prefiero lo viejo a lo nuevo... y a eso añadimos que no tengo ni un duro. Por mí se los podrían ahorrar.

1/6/08 11:54  

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