viernes, febrero 27, 2009

El centro bioconceptual de Obama

Sí, cierto, el tema "Obama" y todas las circustancias sobre su esperanzadora presidencia están bastante sobados. Aún así, me sigue resultando llamativo que, a tenor de lo que expuso el pasado 24 de Febrero en el Congreso, el ex-senador de Ilynois siga defendiendo como al principio que va a seguir mostrando su "rostro de ilusión" pese a la amenaza de que se lo partan ya de entrada. En lo que George Lakoff denomina el "Código Obama", plasmado en el discurso del Congreso, se describe toda una declaración de intenciones por parte de la nueva Administración americana que resulta tan bienintencionada como aparentemente algo ilusa. Podrá decirse que la actividad política de los próximos años difícilmente podrá satisfacer todas las expectativas levantadas. Pero da la sensación, almenos, de que no será por no intentarlo.

En uno de los siete puntos en los que se explica el Código Obama aparece una atípica palabrota malsonante, en apariencia solo apta para doctos y pedantes: "biconceptualismo". Ufff! De aquello de leerlo y sentir que tienes ante tí un profundo planteamiento teórico filosófico, surgido de alguna mente privilegiada, portadora de pajarita y fumadora en pipa. Tampoco es para tanto. En cierta manera, podría decirse que el bioconceptualismo es una manera de llamar a esa identificación con posiciones políticas relacionadas con las denominadas de "Centro Político". Es decir, la de aquellos que no se consideran "ni de izquierdas ni de derechas" (o se alimentan de ideas de ambos lados) o bien que se ven a si mismos en parte conservadores, en parte progresistas (liberales), dependiendo del tema que se trate; Ese enorme módico grupo de población que es capaz de desequilibrar una balanza electoral hacia un lado o hacia otro y que tanta importancia cobra a la hora de alimentar la "legitimidad" de un tipo de política; El nuevo target (objetivo) de la nueva Administración Obama para sacar adelante su ambicioso programa político en los próximos cuatro años.

¿Es el nuevo presidente norteamericano una farsa, un triunfo de la imagen sobre la realidad?. El balance habrá que hacerlo al final de su mandato. George W. Bush se refirió al sector de población más pudiente como "sus bases" y planteaba su política social en términos como "conservadurismo compasivo" (una especie de "daremos a todo el mundo, pero primero nosotros (los que generamos riqueza)"). Su sucesor también llega con un discurso igual de contundente, muy cargado de bellas intenciones, lo cuál, más allá de su resultado final, da la impresión de que almenos lo va a intentar: contentar a la mayoría de población y no solo a estos "generadores de riqueza". Puede sonar a una enorme utopía, ya que no parece nada sencillo satisfacer a esa enorme y compleja clase media, tan diferente de estado a estado. Uno se podría preguntar por dónde se podría comenzar. Sin embargo, al igual que esa filosofía que se transmite en esos libros de autoayuda cada vez más presentes en las sociedades occidentales, la clave de entrada bien podría hallarse en potenciar ese "creer en si mismo", como individuo y como parte de un colectivo. Un poco, al estilo kennediano. Y es, quizá, por eso que el mensaje de esperanza de esta hornada de demócratas recién llegada al poder lo que pretenda bien pudiera ir en esa dirección: el fomento de una especie de Efecto placebo que ayude a una recuperación más rápida de la crisis económica y para la cuál hace falta un grupo o grupos de individuos que se sientan protagonistas y constituyan un colectivo que ejerza de Masa crítica para darle la vuelta a la tortilla de la recesión. "Una renovada confianza alimentada a base de confianza". Una "original" idea que, ciertamente, suena más fantástica que verosímil.

No se puede evitar cierta percepción "romántica" del planteamiento (ya de por si algo romántico) de la nueva Administración. Suena fantástica la idea de aunar en una causa común no solo a demócratas liberales, sinó también a conservadores moderados y/o a republicanos pragmáticos en pro de medidas políticas que pretendan satisfacer intereses colectivos mayoritarios (es algo que cada político puede "vender" bien ante su electorado en general). Sobretodo cuando se plantea como "causa patriótica" (una estrategia que empleó con bastante eficiencia la administración Bush, que etiquetaba todas sus medidas como "patriotas" para así otorgarles una legitimitidad virtual que facilitaba su posterior aceptación por parte de la mayoría de la población). No les resultará nada fácil, puesto que los "halcones" republicanos/conservadores harán lo posible para evitar, primero, que Obama pueda llevar a cabo su bienintencionado programa "patriota", y segundo, que se pueda ganar el apoyo de sus sectores más moderados o céntricos. Además, aunque los Think tank y lobbys conservadores no estuvieran en constante e intensa labor política, tampoco seria sencillo llevar a cabo ese "cambio milagroso" que pregona el equipo Obama. Sin embargo, si un porcentaje de población (esa masa crítica) le cree fervientemente y actúa favorablemente en favor de él... ¿sería (o será) cierto que la fe mueve montañas?

3 Comments:

Blogger S. Dedalus said...

Es sorprendente la capacidad que tiene George Lakoff de aparecer en todas partes. Qué tío más eficaz, oiga.

En realidad, sobre la farsa, pienso que todo político que llega a lo alto es un triunfo de la imagen sobre la realidad. No conozco ninguna excepción, ni creo que vaya a conocerla. El problema es, a veces, el inmenso desfase que hay entre imagen y realidad, que es lo que quema a los votantes.

2/3/09 23:34  
Blogger C.C.Buxter said...

Obama está lleno de incógnitas, así que tendremos que darle tiempo para ver cómo afronta los problemas. Sin embargo, veo más factible que en España poder atraerse a representantes políticos republicanos, dada la relativa autonomía con la que cuentan los parlamentarios estadounidenses. Además, la invocación al patriotismo siempre ha tenido buenos resultados por esos sitios... Recuerdo haber leído que, durante la recesión y la II G.M., el gobierno "obsequiaba" con una pegatina patriótica a los establecimientos que se comprometían a no elevar los precios de los productos; ante la posibilidad de ser acusados de antiamericanismo, los comerciantes acabaron, en su mayoría, adquiriendo ese compromiso y mostrando orgullosos la pegatina en sus locales.

De manera un poco tangencial, y al hilo de lo de imagen y realidad, me he acordado de un actor de "Ley y orden" (serie que nunca he visto) que se presentaba a un puesto político en EE.UU. (lo siento por la escasez de datos, no sé ni el nombre del actor ni el cargo). Hubo alguna que otra polémica, ya que se decía que el electorado podía confundir el personaje interpretado (al parecer, un "tipo duro" al estilo Horatio Caine) con el actor real, por lo que realidad y ficción serían casi indistinguibles. También recuerdo que hubo quien criticó a Martin Sheen por oponerse a la guerra de Irak, ya que decían que se aprovechaba (?) de su imagen como el presidente Bartlett...

3/3/09 13:51  
Blogger Reverendo Pohr said...

s

Dedalus, en EEUU casi todo lo que pueda tener espectadores se convierte en espectáculo. ¿Diferencia entre imagen y realidad?. Quizá este sea un ejemplo de Braudillard entre mapa y territorio... aunque haya muchos que prefieran el mapa. El rol de votante-espectador es muy, muy cómodo, sobretodo en una sociedad donde se fomenta tanto el consumo de ocio-entretenimiento.

Buxter, parece que las llamadas "políticas de bandera" siempre han contado con enorme relativa efectividad. Se enciende la llama y el efecto comunidad hace el resto: incluye a los "suyos", excluye a los demás. Quizá éste sea un nuevo movimiento de péndulo, al otro costado del existente, lo cuál será popular y estará bien visto (algo humanista!). Pero no dejará de ser un reloj... que en otro momento volverá al otro lado. Igual es cuestión de disfrutar del neopopulismo actual.

9/3/09 20:42  

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