martes, agosto 04, 2009

Por derecho divino

Parece que es el "culebrón" del verano, una vez se ha parado (momentáneamente) de hablar de fútbol y de fichajes-estrella. El 'caso Camps' cuenta con suficientes elementos para mantener algunas mentes entretenidas y dejar constancia que los males que atañen a la política en general (que los imputados sean del PP no significa que sea un problema de fondo). Supongo que todo es una cuestión de perspectiva y algunas valoraciones surgidas a partir del sobreseimiento del caso nos recuerdan a veces la lejanía existente entre los que se mueven en determinados círculos de poder e información y los que no.
Mientras se habla de felicitaciones y recursos, el tema de los "regalos" que reciben los cargos públicos nos recuerda la realidad política en la que vivimos. O más bien, la realidad en la que creemos que vivimos. Se convierte en generalizada la idea de que los cargos políticos, como responsables de la gestión pública, son objeto de peloteo, agasajo y ofrenda constante más allá de su correcta práctica política. Y, además, no solo les gusta, sino que se acostumbran a allo, hasta tal punto que no reparan si está bien o está mal. "Aman a su lider", podría pensar más de uno y, en ese entorno, los egos cada menos exigentes consigo mismos corren el riesgo de sufrir una especie de "Complejo Luis XIV". Resulta hasta cierto punto lógico llegar a esta conclusión: a cualquiera le podría pasar. Y lo digo basándome en que casi todos alguna vez en la vida hemos sido en alguna ocasión objeto de alguna felicitación (aunque fuera en un cumpleaños) o aplauso, nos hemos ruborizado y/o nos hemos puesto algo "tontos" ante muchas muestras de afecto (incluso los que lo odían o envídian).

Teniendo en cuenta que dicen que todos los individuos estamos interconectados y sujetos a una influencia mútua (en mayor o menor medida), decir que los políticos viven en su burbuja o en un pedestal podría significar que están allí gracias al "permiso", más o menos (en ciertos casos, mucho menos) explícito, de sus congéneres. Hay representantes porque hay representados (igual que hay reyes porque hay súbditos y señores porque hay vasallos). Al igual que hay niños mimados porque existen unos padres (o figuras análogas) que los miman, lo mismo podría decirse de los políticos: se vuelven vanidosos porque hay gente que alimenta su vanidad, corruptos porque hay gente que los intenta corromper, ambiciosos porque siempre habrá quién esté dispuesto a satisfacer dicha ambición. Como persona corriente, eres cargo público y te dan un trabajo, un despacho, un secretario o secretaria, un sueldo fijo bien remunerado, unos recursos a gestionar... pero también un reconocimiento (a veces rozando la idolatría), un afecto (interesado o no, pero el día a día en la vida pública se basa en lo que se manifiesta, no en lo que se siente) y un estatus. Dejas de serlo y lo pierdes casi todo: ¿aún se pregunta la gente porque a los políticos les cuesta abandonar la poltrona?. Parece cosa del diablo: primero, les haces creer que son reyes y luego, después de un tiempo, pretendes que vuelvan a asumir su condición de súbditos corrientes. Que fácil suena todo.

Podrá parecernos vergonzoso que muchos políticos abandonen la práctica política para ocupar un puestazo en el consejo de administración de una empresa o entidad pública o privada y cobrando un pastón. Pero es lógico: muchos de ellos forman parte de una "aristocracia" que se ha constituido con el beneplácito de la ciudadanía. Cosas de la evolución: en la Edad Media, la aristocracia se mantenía a flote con ejércitos particulares (eran la garantía para obtener recursos); En la Edad Contemporánea, con otro tipo de "ejércitos", pero de carácter no-militar (o militar no-armado, según se mire).

Otra cosa de la evolución: en la Edad Media, los señores feudales recibían "regalos" para que sus soldados no te quemaran la casa. No podría decirse que fuera algo generalizado "recompensarles" por lo guapos y benevolentes que eran. Eso no ha cambiado. Quizá no puedan demostrarse determinados casos de Cohecho. Pero, algo está claro, que el "intercambio de afecto" entre representantes políticos y representados particulares no se hace exclusivamente por amor. Aunque, eso sí, lo normal es que acostumbre a haber dos partes...

3 Comments:

Blogger Juan Rodríguez Millán said...

Aún siendo ilegal (lo que en condiciones normales debiera zanjar cualquier discusión sobre el particular), reconozco que a mí no me preocupa el tema de los regalos. Lo que me preocupa es qué clase de gente hace regalos y para qué. Y cuando ambas cosas confluyen en una trama corrupta, es cuando la Justicia está realmente obligada a intervenir. Como en este caso. Pero si la Justicia está ya viciada con la participación de un amigo del sujeto implicado, que le va a liberar de todo hipotético delito cometido, ¿qué esperanza nos queda? En este caso somos vasallos, y los señores no dejan de reírse de nosotros. Eso es más duro todavía que el regalo. Al margen de las siglas políticas que amparen al "señor", que eso me da igual.

5/8/09 13:41  
Blogger Miroslav Panciutti said...

He conocido varios ejemplos de lo adictiva que es la vanidad en los cargos políticos, lo mucho que les aleja de la realidad (esa burbuja a la que aludes) y les hace creerse especiales, lo tremendamente doloroso que es para ellos pasar de esa "aristocracia" a la condición pedestre de seres normales. No me cuesta mucho entender, por tanto, esa "naturalidad" ante los regalos, aunque reconozco que el entenderlo tampoco me evita que me siga alucinando la tremenda fuerza de la vanidad, que considero una de las pocas motivaciones básicas que mueven al ser humano.

También creo que, sin que me gusten nada ni Camps ni sus compinches, este asunto está consumiendo muchos más recursos mediáticos y judiciales de los que merece. No deja de ser otra exhibición más de hipocresía.

6/8/09 9:31  
Blogger Reverendo Pohr said...

Juan, aunque suene vulgar, solo faltó que los "no-imputados" hicieran un "calvo" a la cámara. Por supuesto, algunos reirían muchísimo la gracia. Los demás, tendríamos que decidir cómo nos lo tomamos.

Miros, ya sabes que verano es la época en la cuál sacan para le cine todas las películas "petardas". Y, dentro de lo inevitable, si almenos los actores fueran buenos...

29/8/09 2:25  

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